Las sombras

En la ciudad de Chihuahua hace 131 años nació Martín Luis Guzmán Franco, quien destacaría como diplomático, escritor, funcionario del gobierno federal, legislador, militar y periodista. Es muy probable que su vocación de escritor y periodista se definiera después de unirse a las fuerzas revolucionarias de Francisco Villa, en 1914.

Desde 1915 y hasta 1936, salvo algunas estancias cortas en México, vivió prácticamente en el exilio sobrellevado entre España y Estados Unidos; en ésos años, a la par de artículos periodísticos, publicó: La querella de México, 1916; A orillas del Hudson, 1920; El águila y la serpiente, 1928; La sombra del Caudillo, 1929; Mina el mozo: héroe de Navarra, 1932.

De vuelta en nuestro país, fundó en 1939 la editorial Ediapsa; un año después fue publicada su obra Memorias de Pancho Villa; entre 1953 y 1958 se desempeñó como embajador ante las Naciones Unidas; éste último año fue cuando apareció su libro Muertes históricas; al año siguiente, y hasta 1975, ocupó la dirección de la recién creada Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos; de 1970 a 1976, ajustado con el anterior, ocupó una curul senatorial.

Si nos atenemos a la hoy casi inefable Wikipedia (de la que mucho dudo, y frente a la que siempre me muestro receloso), fue académico de número de la Mexicana de la Lengua, a la que ingresó como numerario el 19 de febrero de 1954. Si nos atenemos a Semblanzas de Académicos, obra editada con motivo del centenario de la Academia Mexicana de la Lengua, en 1975, su nombre no aparece en el elenco de los 167 señores académicos que fueron sus miembros, entre 1875 y 1975. Hago constar lo anterior, para no ser tildado de ignorante por los eruditos de internet, que malévolamente buscan increpar ante cualquier detalle menor.

Martín Luis Guzmán falleció en su oficina de director de la revista Tiempo de México, el 22 de diciembre de 1976; el conserje de las oficinas escuchó el golpe contra la puerta a las 22:45 horas. Un infarto, el cuarto en sus últimos años, acabó con su vida.

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De entre la obra de Martín Luis Guzmán, quizá la más conocida de entre sus obras sea Memorias de Pancho Villa, creo sin embargo, que la mejor de ellas es La sombra del caudillo, en la que se narran los sucesos del convulso periodo en el que se buscaba la reelección de Álvaro Obregón para ocupar la presidencia de la República, y que tuvieron un sangriento desenlace el 3 de octubre de 1927, con el asesinato en Huitzilac, del general Francisco Serrano, también candidato a la presidencia, y algunos de sus más cercanos simpatizantes.

La mano ejecutora de Obregón, el caudillo, alcanzaba a todos aquellos que se opusieran a sus designios en política; su sombra opacaba los visos de democracia.

En 1960 bajo la dirección de Julio Bracho, fue estrenada la película homónima, pero nunca se permitió su exhibición en salas de cine; fue hasta octubre de 1990, cuando la película fue estrenada en la Cineteca Nacional.

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Si bien –el pasado lunes– la toma de posesión de Xavier Nava Palacios como alcalde de la capital, estuvo concurrida por personajes de primer nivel de la política local y nacional, algunos de ellos resultaban francamente impresentables (pensemos en el asqueante Óscar Bautista); otros de corte faccioso, nos recordaban a la corriente renovadora –otra de tantas– surgida del PRD, allí figuraban –entre varios– un enloquecido y lleno de rencores Fernando Belaunzarán y Guadalupe Acosta Naranjo, líder de los Galileos, y el falaz diputado sin partido, Emilio Álvarez-Icaza.

Estuvieron también presentes, el gobernador del estado, tres ex gobernadores, ex alcaldes, navistas de la vieja guardia, hasta el señor arzobispo, y uno que otro académico (caso concreto de un Tomás Calvillo, con poca dignidad pero con muchos motivos). Todo en paz y lindo, no tenía por qué ser de otra manera. El mensaje simbólico fue claro, un gobierno en armonía y para todos, sin distinción de partidos, preferencias (políticas), y sin importar que en el pasado se hubiera sido un canalla, o se hubiera transitado por el sendero del mal. Todo, como en el nuevo gobierno federal, apunta a un gobierno amoroso. Bien por eso, y esperemos lo mejor para el alcalde y para nuestra ciudad.

La sombra, no del caudillo ni del cacique, pero sí del bandolero, no tardó en aparecer; era previsible. El gallardismo seguro de repetir su estancia en el ayuntamiento, dejaba aquello –sin el menor recato– convertido en un chiquero.

Las muestras serían evidentes a partir del día siguiente: ausencia de contratos laborales; saqueo al patrimonio municipal, que al evidenciarlo fue respondido airadamente por Ignacio Segura Morquecho, dirigente estatal del PRD y vocero gallardista. Algunas falacias fueron ya evidenciadas, como el funcionamiento ficticio del rastro tif.

La cosa no para allí, revestido todavía de una pretendida inmunidad, el ex alcalde no compareció ante el citatorio girado por el Ministerio Público, derivado de una denuncia presentada por el Frente Ciudadano Anticorrupción. Y como allí lo que faltan son ingredientes reposteriles aviares, lo más seguro es que jamás se presente.

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Otra sombra, pero ésta protectora, fue la que Andrés Manuel López Obrador, en su visita del día de ayer, extendió sobre Gabino Morales, su representante en el estado, quien en todo momento se mostró nervioso y apazguatado; pensemos que por los bochornos producidos por su austero traje, no por la incapacidad manifiesta y el terror evidente que le provoca desempeñar el cargo.

Como sea, el presidente electo fue muy preciso a señalar que el puesto es Gabino, de nadie más, que los ambiciosillos pueden conseguir puestos de los otros, en cualquier mercado. Lo que es encontrar una buena flauta.

Una cosa sí es cierta: diga lo que diga López Obrador, todo se le festeja; goza de una popularidad y simpatía totales entre sus seguidores. Ninguno de los que se le acerca buscando consejo, exponerle un problema, tenderle la mano, plantarle un beso, sacarse una foto, se aleja de él decepcionado; hay respuesta para todos. Hasta nuestro gobernador se veía fascinado. Pero ésa, la que hay sobre él, es otra sombra.

Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan. Aproveche si puede para ver la película La sombra del caudillo.