Las Súper Chivas

El Guadalajara rompió una sequía de 10 años al ganar el título de Liga MX en 1997 con un plantel destacado.

Aprovechando el gran momento que vive el Guadalajara en el torneo actual de la Liga MX, peleando en la parte alta de la tabla, no podemos dejar de lado su enorme historia repleta de éxitos y de planteles memorables. En particular, vale la pena recordar a aquel equipo legendario de 1997, dirigido por el estratega brasileño Ricardo "Tuca" Ferretti.

Transcurría el Torneo Verano 1997 y el Rebaño Sagrado sumaba una sequía de diez años sin levantar la copa, desde aquel lejano título de la temporada 1986-87. Sin embargo, para esa campaña la directiva tapatía había armado un auténtico trabuco, especialmente en el mediocampo.

De la mano de una dupla extraordinaria en la zona de creación y contención —resguardada por la solidez de Alberto Coyote, quien le daba plena libertad al nayarita Ramón Ramírez, llegado de Santos Laguna—, Chivas avanzó a la liguilla en el segundo lugar general, a solo tres puntos del América.

En la fiesta grande, las "Súper Chivas" pasaron por encima de Santos en cuartos de final con un contundente 6-1 global. Posteriormente, en semifinales, se midieron ante un sorprendente Morelia que venía de eliminar al superlíder América. Tras una eliminatoria rocosa que terminó empatada 1-1 en el global, el pase a la gran final fue para el Guadalajara por su mejor posición en la tabla.

En la serie por el título, la afición al fútbol esperaba un espectáculo inolvidable. Las Chivas, jugando a tope y de manera abierta, se enfrentaban al equipo más alegre y arrojado del momento: el Toros Neza de Enrique "Ojitos" Meza, que venía de marcarle tres goles al Atlante en cuartos y cuatro al Necaxa en semifinales.

Uno de los duelos más esperados de la final era ver cómo respondería la zaga rojiblanca, comandada por el "Emperador" Claudio Suárez y su pupilo Joel "El Tiburón" Sánchez, ante el temible ataque mexiquense integrado por Antonio Mohamed, Rodrigo "El Pony" Ruiz y Germán Arangio.

Por su parte, la ofensiva tapatía funcionaba como una maquinaria perfecta. Para el juego de vuelta, el "Tuca" alineó a dos referentes en punta: el goleador Gustavo "Gusano" Nápoles e Ignacio Vázquez. Además, contaba con volantes de gran llegada y velocidad: por la banda izquierda irrumpía Manolo "El Matador" Martínez y por la derecha un jovencísimo Paulo César "El Tilón" Chávez.

Tras igualar 1-1 en el partido de ida en el Estadio Neza 86, la definición quedó reservada para el majestuoso Estadio Jalisco el 1 de junio de 1997. Aquella tarde soleada se convirtió en la consagración histórica del "Gusano" Nápoles, quien se despachó con un póker de cuatro goles. Manolo Martínez y "El Tilón" Chávez completaron la obra, mientras que "El Pony" Ruiz anotó el gol de la honra para Neza. Con un humillante 6-1 en la vuelta (7-2 global), Chivas volvió a dar la vuelta olímpica 10 años después.

Tras el silbatazo final se desató la locura en la cancha. La invasión de aficionados fue de tal magnitud que los cuerpos de seguridad tuvieron que intervenir para resguardar al plantel; como dato anecdótico, prácticamente el único jugador que pudo alzar el trofeo en el césped fue el capitán Alberto Coyote. A la distancia, a través de la televisión y viendo más tarde los festejos multitudinarios en la glorieta González Bocanegra aquí en San Luis Potosí, entendí la verdadera dimensión y el arraigo popular que posee el Rebaño Sagrado en nuestro país.

Ojalá regresen de lleno esas épocas de protagonismo para el Guadalajara. Le dan un sabor muy especial al torneo local por su enorme afición y, además, suelen ser la base ideal para la Selección Nacional... Aunque en aquel Mundial de Francia 98, Manuel Lapuente prefirió una base americanista que, por cierto, nos costaría cara en octavos al alinear en la central a Raúl Rodrigo Lara en lugar del "Tiburón" Sánchez. ¡Pero esa es otra historia!

¡Chivas, Chivas... Súper Chivas!