Las voces ocultas

El deseo de Poder esta presente de manera consustancial a la naturaleza en cualquier entorno que reúna a dos o más individuos, sea del ámbito que sea. Ese ejercicio de Poder se puede presentar de muchas formas pero siempre con la idea de encausar la conducta de otros a los fines que interesen a quien pone en marcha sus esfuerzos para hacerse del control.

Hace muchos años en una asociación, de esas de que tienen muchos asociados y que se dedican a actividades deportivas, altruistas, sociales, etcétera, se presentó un conflicto: una mesa directiva de esa entidad realizó algunos manejos que molestaron al resto de los socios y, tal vez, incomodaron a alguna autoridad tributaria. Por supuesto que la asamblea general hizo lo necesario y hubo un cambio en los órganos internos de administración, con el fin de afrontar los conflictos que se desencadenaron.

Resuelto el tema con la autoridad pública, se decidió dejar en el pasado el asunto y seguir sin mirar atrás en la vida interna de la asociación, con el fin de no fomentar enconos ni divisiones.

Sin embargo, un socio de viejo cuño, de mucha edad, antigüedad y veteranía, empezó a alzar su voz. No estaba de acuerdo ni en el perdón ni en el olvido y, a partir de ahí, arrancó una cruzada personal en la que todo, absolutamente todo era cuestionado en la asociación.

Mandaba cartas una semana sí y la otra también; impugnaba ante tribunales convocatorias y asambleas anuales, a partir de lo que, a su óptica, era una perversión del sentido y valores de la agrupación, dando por sentado que todo lo ocurrido a partir de la amnistía, era fruto del árbol envenenado y, por tanto, debía ser combatido.

Con ese mismo ánimo iba a las asambleas que se celebraban en la asociación, las cuales eran kilométricas, gracias a sus intervenciones: un orden del día que, previsiblemente podía desahogarse en una hora, llevaba tres o cuatro. A cada punto, las intervenciones del socio veterano, la respuesta de quienes defendían el borrón y cuenta nueva, con la consabida contrarréplica del tenaz personaje, en una lucha de solo contra el mundo.

Llamaba la atención esta combatividad que mostraba, pese a gritos, rechiflas y burlas que no le servían sino como acicate para plantar más la cara y no rendirse.

Lo que la gente no sabía es que, cada que se convocaba a una asamblea, normalmente citadas para iniciar a las veinte horas, este veterano asociado era invitado a comer en una casa muy cercana a las instalaciones donde se iba a desarrollar la reunión, por un grupo de tres o cuatro miembros que, de manera reiterada, a lo largo de toda la tarde, machacaban con comentarios sobre la necesidad de no perdonar, de que se tenía que actuar en contra y de que los valores se habían perdido en la agrupación y era necesario que los directivos dejaran sus cargos para que otros, por ejemplo ellos, pudieran tomar el control.

Minutos antes de la hora de arranque de la asamblea, estos personajes acompañaban al socio veterano a la asamblea, se paraban en la puerta del saló y cuando se otorgaba el uso de la voz a su campeón, simplemente se marchaban y ahí lo dejaban a su suerte.

Todo esto me tocó constatarlo de manera personal.

Aquel sujeto era un hombre honesto, una buena persona, plenamente convencido de que su postura era la correcta. Sin embargo, equivocaba las formas, dado que las voces ocultas que se marchaban de las asambleas luego de encaminarlo al cadalso jugaban sus propias cartas, aprovechándose de la buena fe y, diría cierto personaje de la televisión mexicana (el Chapulín Colorado) de su nobleza.

¿Y si eso pasara en Palacio Nacional? ¿Y si López en realidad hace las tonterías que hace porque escucha voces ocultas? ¿Y si alguien se aprovecha de sus buenas intenciones (si acaso las tiene) para sus fines aviesos?

Y no hablo de voces con cartera en gabinete. Hablo de voces que ni siquiera imaginamos, que orbitan por ahí, tal vez visibles, tal vez invisibles, pero con fuerza y claridad para hacerse oír y condicionar al palaciego mañanero. 

Para muestra de que esto es posible, dos botones: el regaño al INSABI y al Secretario de Salud por el desabasto de medicinas, cuando lo negó durante tres años; el otro, cuando hizo referencia a un tuit donde dio por aludida a su esposa cuando no era mencionada expresamente.

Ahí vimos a un gobernante sorprendido.

@jchessal