Leer

Es raro para mí, desde que me acostumbré al Kindle, sostener todas las noches un libro en el que la letra no se puede ampliar y las páginas, carecen de la luz necesaria. Pero hay una grata nostalgia en el hecho de leer a la antigüita.

Hace tiempo que tampoco compro un periódico y mucho menos ver un ejemplar como los del Reforma o El Norte en alguna mesa, esperando ser leído.

La reconocía nos ha traído las modernas modalidades de lectura. 

Y, seguramente no hay vida que alcance para leer todo lo que a una le atrae. Tampoco me fue posible en esos años, leer de cabo a rabo todo un ejemplar de los diarios mencionados tanto por falta de interés como de tiempo o de ánimo.

Este martes escuchaba a Carmen Aristegui hablar del cierre de una Casa Editorial de renombre y abolengo debido a la imposibilidad de seguir prestando servicio ya que después de la pandemia los hábitos de lectura y compra de libros disminuyeron de tal forma que se les hace imposible continuar.

“El sello -Esitorial Era- fundado en 1960 por Vicente Rojo, José Azorín y los hermanos Neus, Jordi y Quique Espresate, y ahora dirigida por Marcelo Uribe, reconoce que “el mercado editorial ha cambiado tanto que no nos permite vivir de la venta de nuestros libros”.

Esto me hace suponer que estamos llegando a la materialización de ese augurio que anunciaba -hace décadas- el final de la lectura impresa. Imagino que será un final lento y que mis ojos no estarán para verlo, pero la velocidad del desarrollo tecnológico sigue ese camino para dar paso a una era completamente diferente en la que crecí y a la cual es necesario adaptarse.

Mientras eso llega, estoy tentada en al menos una vez al mes buscar un kiosco que aún los venda y repetir la experiencia de brindarme los dedos y pasear los ojos por sus fotografías y titulares.

Disfruten la lectura…electro o en papel tanto como se pueda.