INExplicablemente, aunque algunos políticos y funcionarios fueron cómplices, por lo menos en omisión de parte, ya que conocían la falta de perfil y valores necesarios de Guadalupe Taddei Zavala para fortalecer la imagen, credibilidad, confianza, autonomía e imparcialidad del INE y que las señales de putrefacción estaban a flor de piel, nadie quiso o no les convino hacerlas públicas: desde quienes integran su consejo general, algunos alineados a escondidas o abiertamente, por convicción o por conveniencia con la línea dictada por las altas esferas de la 4T, hasta Andrés Manuel López Obrador quien, en marzo de 2023, a la llegada la ahora ex consejera presidenta, la calificó como una mujer profesional, honesta e íntegra.
INEvitable fue así el escándalo que tenía que llegar a esta noble institución que, en su evolución pública, consolidó el inicio de la transición democrática en México, garantizando con imparcialidad e impecable organización de las elecciones, por lo menos desde finales de los años noventa, así como la alternancia en el poder ejecutivo y legislativo federal y en los estados del país, sin negar que existieron múltiples obstáculos y liderazgos que aprovecharon la bondad que da su autonomía.
INEscrupulosamente, en su paso como presidenta del INE, a Guadalupe Taddei no le bastó la narrativa de tener 33 años de experiencia en el servicio público y lideró un proyecto y una camarilla que, entre muchas cosas presuntamente ilegales y amorales, de forma corrupta hicieron mal uso de quizás cientos de millones de pesos hasta ahora señalados por publicaciones periodísticas serias y fundamentadas, no negadas tajantemente por Taddei, ni por el INE, y a reserva de lo que la Unidad de Inteligencia Financiera y la Auditoría Superior de la Federación investiguen y concluyan, dinero que debería estar al servicio y fortalecimiento de la democracia y la participación ciudadana, poniendo en la palestra pública una grave derrota para el sistema democrático, al tener que estar su árbitro defendiéndose en una crisis política y social que hasta el momento pone en duda los valores, principios y legitimidad de la institución, comprometiendo la autoridad moral ganada a puño limpio en el paso de los años y la garantía prioritaria de contar con elecciones limpias, transparentes y ordenadas.
INExorablemente, existen infinidad de cuestionamientos que deben plantearse, investigarse, comprobarse, transparentarse y en su caso castigarse, pero sin duda, no puede dejarse a un lado, después de 3 años y medio de Taddei Zavala en la presidencia del organismo electoral: ¿Por qué ningún o ninguna consejera del INE o de los partidos políticos solicitaron la información para saber si existía mal manejo de los recursos financieros o amañados procesos de licitación y hacer pública esta situación mucho antes de que el periódico “Reforma” publicara su investigación?; ¿En verdad nadie en el INE y en al menos 13 organismos públicos electorales en los estados sospechaba quiénes eran los funcionarios y exfuncionarios de la institución y empresarios que eran contratados con recursos públicos violando la ley y sus principios?; ¿En serio nadie sabía del posible nepotismo de Taddei y su parcialidad hacia los altos mandos de la 4T?; ¿Nadie conocía las órdenes de contratar a las personas y empresas señaladas desde las altas esferas? y, si lo supieron, ¿Por qué no alertaron de lo que estaba pasando? Son muchas las dudas y poco el interés de contestarlas.
INEludiblemente, ninguna autoridad o personaje político, incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, o sobre todo ella, pueden ni deben permitir que los hechos, razón de la salida de Taddei Zavala, que parecen ser la puntilla a la confianza, credibilidad y autonomía del INE, sean enterrados en una verborrea de culpas y responsabilidades a ideologías contrarias al poder o a los “intereses oscuros” de los contrincantes políticos; ni que su investigación y consecuencias lleguen hasta donde tengan que llegar, siendo transparentes en tiempo, fondo, forma y circunstancia, sin importar el costo político que cause; ni que haya la permisibilidad de que el paso del tiempo u otros hechos de cualquier índole borren los graves daños causados a la democracia por irresponsabilidad de la hoy ex presidenta; o que la ciudadanía absorba los efectos de la crisis, argumentando que el pueblo sabio entenderá y perdonará. Quienes integran las cúpulas de poder no deben olvidar, ni siquiera hacer un lado, aunque no lo quieran aceptar, que la sociedad sí tiene un límite, que existe un grado de confianza y credibilidad máximo que no deben sobrepasar y, que la inteligencia social es capaz de razonar mucho más de lo que creen. El desencanto y desilusión social, no pueden corregirse solo con propaganda.
La INEptitud, INEficacia y lo INÉdito de lo ocurrido, es un llamado para que el INE, los tres poderes y los tres ámbitos de gobierno, la ciudadanía y las organizaciones públicas y privadas de la sociedad aprendamos y tomemos conciencia del gran reto que significa que la confianza en el árbitro electoral no puede dejarse nunca al interés de un grupo de personas o de intereses políticos particulares. Es el momento para revisar el profesionalismo, la imparcialidad y la actuación no solo de los funcionarios impuestos por Taddei Zavala, sino también la de las y los consejeros electorales del INE y de los 32 órganos electorales del país. Es tiempo de fortalecer los procesos de alternancia partidista, pero, sobre todo, es hora de transitar a la democracia como un verdadero y consolidado sistema de vida con el máximo respeto y la prioridad a la dignidad humana, la amplia participación ciudadana, el respeto y cumplimiento de todos los derechos humanos y el total acceso a la transparencia y a la información pública, variables vitales para una real y verdadera democracia.
INEquívocamente, la renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE, primero negada tajantemente, luego mal manejada y al final concretada, no puede reducirse a un simple pedazo de papel, acto administrativo o a la pérdida de la posición y al poder que conlleva. Las autoridades responsables de las investigaciones deben llevarlas de forma cuidadosa, escrupulosa y profesionalmente, sin permitir que múltiples intereses de poder influyan o interfieran en el proceso y en los resultados.
INEsperadamente, como ejercicio democrático, de voluntad política y aprendizaje, quizás sea buen momento para que, en la visión democrática de la presidenta Sheinbaum proponga la creación de una “Comisión de la verdad”, ajena y lejana a los caprichos e intereses de políticos y partidos de buscar su permanencia o regreso a las altas esferas del poder, conformada por actores y liderazgos sociales y académicos con el fin de realizar las investigaciones y señalar las responsabilidades de la podredumbre que deja Taddei y de anteriores Consejos, ya parte del INE y del sistema democrático del país, conocer su verdadero estado de salud y castigar ejemplarmente a quienes no cumplieron su cometido y evitar al máximo se vuelvan costumbre.