Este fin de semana me ha llevado al otro lado de la frontera, a El Paso, Texas, uno de esos lugares que encajan con los versos clásicos de la canción Somos Más Americanos del grupo Los Tigres del Norte, donde cantan: «Yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó.»
La realidad es, de hecho, algo más compleja —no porque la frontera no se trazara arbitrariamente en este lugar entre 1848 y 1853, entre lo que hoy reconocemos como El Paso y Ciudad Juárez, sino porque El Paso es un enclave único e híbrido de múltiples culturas, vidas e historias. La frontera es un aspecto crucial e inevitable de todo esto, pero no es, ni mucho menos, su única manifestación. Es algo que a menudo se ignora o queda relegado a un segundo plano en el actual clima político de Estados Unidos; sin embargo, lugares como El Paso —con sus historias ricas, variadas, complejas y en constante evolución— saben lo que son y comprenden plenamente que la comunidad no significa nada si no abarca a la totalidad de la misma.
Estoy aquí en El Paso porque todo esto se manifiesta en un festival creativo y cultural que ya celebra su decimonovena edición: Chalk the Block (traducción imperfecta: ‘pinta la manzana con gis’). Cuando todo comenzó en 2008, el gis era el elemento central del festival, con artistas que se reunían para plasmar diseños originales en las aceras; sin embargo, con el paso de los años el concepto se amplió considerablemente hasta convertirse en el increíble evento internacional que existe hoy, el cual incluye todo tipo de espectáculos, música en vivo, instalaciones, obras de arte, artistas que exhiben y venden sus creaciones, y museos de puertas abiertas. De hecho, da la sensación de que toda la ciudad participa en el evento y, en muchos sentidos, así es.
El festival también sirve para recordar el increíble potencial de las celebraciones artísticas comunitarias e inclusivas, especialmente dado que ahora atrae regularmente a cincuenta mil visitantes durante los dos días que dura el evento, el cual se celebra anualmente a principios de octubre. Además, para muchos artistas locales, es el acontecimiento del calendario anual que les permite obtener beneficios económicos de su obra al hacer el balance del año. Asimismo, se ha convertido en un evento que genera un gran orgullo local por la ciudad, sus artistas y su producción cultural, y que El Paso utiliza cada vez más para proyectar su identidad hacia mercados regionales e internacionales.
Los participantes artísticos son locales e internacionales, y el festival atrae regularmente a más de doscientos profesionales creativos a la ciudad, en muchos casos para trabajar junto a artistas locales, lo que inevitablemente ayuda a fomentar fuertes vínculos, aprendizaje y futuras oportunidades comerciales. «Me encanta que podamos combinar a nuestros artistas locales con artistas que vienen de todo el mundo», dice Ben Fyffe, director de Calidad de Vida de la Ciudad de El Paso. «Me encanta que nuestra comunidad pueda ver lo bien que destacan nuestros artistas en este contexto internacional, y esa gran mezcla».
Entre los participantes de este año se encuentra el colectivo Nómada Estudio Urbano, artistas de Ciudad Juárez, presentando una instalación original que retoma elementos propios de los parques infantiles y los combina con la estética natural del desierto de Chihuahua. Lejos de ser un evento efímero, el proyecto contempla también su posterior desarrollo en forma de estructuras de juego permanentes en la ciudad.
Es uno de los innumerables eventos, instalaciones y obras públicas —todos ellos gratuitos para el público y la mayoría propicios para la interacción comunitaria— que transmiten un mensaje claro: el arte es para todos, forma parte de la ciudad y de cómo esta se percibe a sí misma, y la creatividad se valora a un nivel formal y legislativo. «Todo gira en torno a nuestra conciencia colectiva», afirma Fyffe, «y es un magnífico ejemplo del poder que tienen los eventos artísticos y culturales para unir realmente a las comunidades y ayudarnos a todos a reconocer lo que nos hace especiales».
Es increíble lo que se puede lograr cuando la formulación de políticas integra de manera coherente la cultura y la creatividad en su visión colectiva, sitúa a la propia comunidad y su bienestar en el centro de las decisiones. Sin duda, ofrece una lección valiosa para los gobiernos de todo el mundo; pues, en el fondo, nunca se ha tratado de presupuesto, sino de personas.