Libros y lecturas

El secretario de Defensa de Estados Unidos hizo una oración pública esta semana. De por sí extraño que haga oración un funcionario, resulta que en las redes a varias personas les “sonó” a otra cosa. Resulta que lo que dijo este funcionario no era algo textual de la Biblia, sino una paráfrasis inventada por Quentin Tarantino para su película Pulp Fiction (Tiempos violentos).

Más acá, en el Senado de la República, publicaron un dossier para la exposición Mujeres que Legislan. Hay una senadora que se llama Laura Esquivel Torres y en el impreso quedó asentado que “es ampliamente conocida por su obra literaria, entre la que destaca su novela Como agua para chocolate, una de las obras mexicanas más leídas y traducidas en el mundo”. Obviamente quien redactó la nota no investigó ni ha leído nada. 

¿Cómo leemos y qué leemos? ¿Cuánto y para qué? Este jueves 23 de abril es una de mis fechas favoritas. Es el Día Mundial del Libro y la Lectura, el día de San Jorge y de la rosa. Un gusto casi vicio que me transforma a cada rato. Un gusto que siempre he sabido raro, por cuanto no interesa a la mayoría de las personas. 

Poco se lee y se comprende menos. La urgencia de deslizar la pantalla o de asistir a otra “escena de acción” hacen que pongamos menos atención. Leer, sí, pero los chismes o las historias de nota roja, tan abundantes. Se nos presenta lo trágico como si fuera épico, lo sensiblero como si fuera poético. En las librerías de España, por ejemplo, dice una nota periodística, casi la mitad de los libros disponibles no vende ni un ejemplar a lo largo de un año y apenas 4.5 % de esos libros supera los 100 ejemplares. Y ya se saben los temas, autosuperación y cosas de esas, además de los premios (reales o inventados). Lo que no se vende se regresa a las editoriales y casi siempre termina en la guillotina, a veces en manos de los propios autores, que son (somos) quienes hacemos buena parte de la chamba.

En The Economist leí un texto titulado ¿Está el declive de la lectura haciendo que la política sea más tonta?», y de ahí me llama la atención este párrafo: «Se culpa a los teléfonos inteligentes de la disminución de los hábitos de lectura, y ciertamente el número de distracciones ha aumentado. Pero leer siempre ha sido una molestia. “Un libro grande”, dijo Calímaco, poeta griego antiguo, “es un gran mal”. Esto es especialmente cierto después del almuerzo. Uno se sienta a leer y, como señaló un escritor, entra el sol a raudales, el día parece durar “50 horas”, el lector se frota los ojos y finalmente coloca el libro bajo la cabeza y se queda dormido. Dado que ese lector en particular era un monje y asceta del siglo IV, probablemente no se distraía con Snapchat».

Ismael Sanz lo pone así en X: «Un análisis de New York Times bestsellers muestra que el número medio de palabras por frase ha caído de más de 20 en los años 30 a cerca de 12 hoy. En los años 30, muchas novelas populares tenían frases de 20-25 palabras de media. Hoy, en algunos bestsellers, apenas superan 10-12 palabras por frase».

Además tener que trabajar para sacer el gasto, la IA, los precios de muchos libros, lo inconseguible de otros y las censuras diversas son otros factores para la disminución de la lectura y la comprensión de muchos textos. Los herederos de grandes escritores creen que pueden cambiar los originales de sus ancestros para seguir ganando dinero y la 

Hay quienes creen a pie juntillas que usar guiones largos o de diálogo y poner signos de admiración e interrogación al principio (“de apertura”) ya es usar la IA. Hay otras señales de que se usó IA en un texto y las vemos cada vez más en textos de las redes sociales. Y sobre la censura, se cancelan eventos y personas a contentillo de quienes suelen no leer, o leen un solo libro, que es como si no leyeran ninguno. En Francia, tras el despido del editor Olivier Nora de la editorial Grasset, unos cien autores abandonaron la empresa, a la que acusaron de “desprecio” hacia los que hacen sus libros y hacia quienes los leen.

Aunque el panorama es gris, muchos seguimos con ánimo quijotesco y escribimos y publicamos a ver dónde llega ese texto cual botella en el mar. Y hay cada vez más opciones, y es cuestión de probar y de probar.

Ya está a la venta mi nuevo libro, Frankentexto. Y otros de autores y autoras con quienes he colaborado. Pueden ver el catálogo en mi blog.

https://alexandroroque.blogspot.com

Correo: debajodelagua@gmail.com

Posdata:  Pablo Ávalos, Juan Pablo Rahim.