Limbo panista

Mientras en el PRI discuten, por lo menos, su eventual desaparición y/o cambio de su denominación, en el PAN siguen metidos en una suerte de limbo, concediendo que si bien ya la jerarquía católica decretó que no existe ese lugar, no por eso deja de ser tenido como referente para indicar una forma muy propia de estar al garete.

Y es que, tal parece, en el PAN aún no acaban de procesar el impacto de la crisis de credibilidad -derivada, a su vez, de una terrible deshonestidad de buena parte de sus cuadros distinguidos- que, sin duda, es la causa determinante que los llevó a una derrota y un divisionismo que los ha dejado mal parados ante buena parte de la sociedad mexicana.

Pudiera, incluso, fijarse como inicio de la debacle actual de ese partido el pacto que, muy temprano, hizo Felipe Calderón (Fecal) con Peña Nieto para allanarle el camino a la presidencia en 2012, en reciprocidad a los poco más de 200 mil votos que el mexiquense le consiguió en la elección de 2006, casi equivalentes a la famosa diferencia de 0.56 por ciento y, por supuesto, para proteger a Felipe cuando dejara el cargo.

El caso es que, con ese pacto, Fecal selló la suerte panista en los comicios por venir, empujando a ese partido a un fuerte desgaste y confrontación interna por el grosero manoteo presidencial en un partido reputado como “decente”.

El pacto Fecal-Peña Nieto ha sido documentado por Álvaro Delgado (“El amasiato”, Ediciones Grijalbo-Proceso, México, 2018), e incluso aceptado por un funcionario cercano a Fecal (Ulises Ramírez) y que fue el promotor del encuentro celebrado semanas antes de la elección de 2006 en el Hotel Nikko de Polanco en Ciudad de México. De allí pa’l real.

Entre otras traiciones que se sucedieron por parte de Fecal, destaca la manera como se llegó al extremo de que la recesión estadounidense que se desató en 2008 no fuera reseñada en el órgano de difusión panista “La Nación”, porque para la élite de ese partido no se podía admitir que el neoliberalismo fuera tenido como el modelo responsable de la crisis económica que nos había alcanzado como una pulmonía -y no como un catarrito-, que dejaba mal parado a un gobierno fecalista que se ufanaba de tener bajo control la economía nacional, pero que en 2009 registraría la peor caída del PIB en los últimos años.

Pero otra traición más, sería la de fingir que apoyaba la candidatura presidencial de Josefina Vázquez Mota, cuando en realidad seguía operando a favor de Peña Nieto, situación que fue más que ostensible conforme avanzaba la campaña y que, luego, sería reconocida y lamentada por la propia ex-candidata (que también hizo su parte, proyectando una imagen derrotista que hasta Juan Ignacio Zavala recuerda con burla “por andar usando el suéter de la Chilindrina por todos lados” (Op. cit., p. 90).

Ya en la sucesión presidencial de 2018, Fecal metió ruido en la definición panista del candidato presidencial cuando insistió en que Margarita Zavala fuera la abanderada. La tensión interna fue cada vez más fuerte, sobre todo por el chantaje de la pareja Fecal-Zavala de abandonar el partido si no se salían con la suya y, en efecto, luego de ser vencidos por Ricardo Anaya, no les quedó más remedio que jugarle a la candidatura “independiente”, pero ciertamente dejando al PAN con un desgaste serio que, aunado a las prácticas “gandallas” de Anaya, terminaron por dejarlos muy golpeados por adelantado.

El otro clavo del ataúd sería el de formar una alianza con el PRD que, hoy, reconocen como de resultados lamentables porque confirmaron la percepción social de que su pragmatismo ya no tenía límites.

Por lo demás, el desempeño del candidato Anaya fue muy cuestionado, en términos de mentir frecuentemente sobre la trayectoria de AMLO, buscando ascender en las preferencias de un electorado que, pronto, se percató de su total carencia de ética, casi ajustándose a una de las “fábulas fantásticas” de Ambroice Bierce, como el caso del político aquel que, asegurando que se había comprometido a “no robar”, empero, se había llevado hasta un pedazo del palacio gubernamental, alegando con desparpajo que a lo que nunca se había comprometido era a… “no mentir”.

El PAN ha ofrecido actuar como una “oposición responsable” frente al nuevo escenario político nacional. No es de dudarse que así pueda ser, siempre y cuando logre desterrar las prácticas de corrupción y agandalle que cobraron carta de naturalización en ese partido y que han sido denunciadas por miembros connotados del mismo. Javier Corral llamó en su momento a enfrentar al “Consorcio”, el grupo de gobernadores y caciques locales que hicieron candidato presidencial a Anaya, y el propio Fecal llamó, cínicamente, después de la derrota de 2012, a la “reconstrucción ética del partido”. Ahora… ¿quién hará ese llamado para que, en verdad, pueda el panismo reivindicarse? ¿Quién podrá defenderlos? ¿El Chapulín Colorado? (Siguiendo la lógica de Zavala, el otro).