Llamarada de petate

Decía mi abuela, que era muy dada a dichos y refranes, que hay ocasiones en que estas en tu habitación y de pronto te dices: “ahorita vengo, voy a ir a la cocina a romper un vaso”. Esto lo contaba en función de esas veces que, de la nada tomas una decisión que solo tiene consecuencias de lamentar, como por ejemplo, dejar caer por error un vaso al servirte agua sin tener sed.

Parece que el tres veces doctor en derecho Samuel García Sepúlveda, gobernador (¿o no?) de Nuevo León fue lo que hizo: de la nada se levantó de su sillón y se dijo: “ahorita vengo, voy a destrozar mi carrera política”.

Esas son las consecuencias del circo que ha armado en los últimos días este personaje a quien le da orgullo presumir sus grados académicos en derecho (tres doctorados además de otras insignias) pero que hoy es confirmación absoluta de que aquello que natura no da, Salamanca no lo presta. Escasas y de descanso, las neuronas del anecdótico gobernador (¿o no?).

Porque solo una vacancia así puede explicar todo el sainete que hemos presenciado desde que pidió licencia, luego no, luego sí pero nada más un ratito y luego, que siempre no.

Aunque en descargo de Samuel debo decir que creo que no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre, otro dicharacho popular que claramente ilustra que hay que voltear a otros para entender (si acaso eso puede suceder) las razones subyacentes en todo este revoltijo.

Con una soberbia de antología, Dante Delgado, dueño de los destinos del partido político que se niega a madurar y que hoy se llama Movimiento Ciudadano, despreció las voces que le pedían se uniera un frente opositor para rescatar a México de las garras de López. Lo hizo contra todo y contra todos aquellos que, incluso en su mismo instituto político, le hacían ver con razones y argumentos que estaba a punto de cometer un error. Dante también de pronto quiso ir a la cocina a romper un vaso.

Se dice, porque especular se vale cuando la sin razón aparente y la falta de información son la nota distintiva, que López echo mano de este personaje para conseguir una candidatura que drenara en la medida de lo posible la de Xóchitl Gálvez y la debilitara.

No dispongo de ningún dato objetivo al respecto pero, sobre creer que Dante es capaz de eso, debo decir que sí, que lo creo.

¿Y a quien usar? Pues al más histriónico y estridente, al gobernador de Nuevo León, muy de la mano con el discurso de Delgado Ranauro que favorece la participación de los jóvenes en política.

Sin embargo no debemos culpar a la juventud de los dislates de Samuel, cuando perfectamente se puede explicar por su escasez de luces. En Movimiento Ciudadano hay jóvenes muy valiosos que claramente reconocieron que no era este su momento para buscar la presidencia de México. Ya habrá tiempo.

Sin embargo, creo que también Dante tiene razones para justificar su actuar: su gran egolatría e inmadurez política posiblemente le dejaron escuchar sirenas desde palacio nacional a las que creyó y se decidió a seguir. También lo hicieron compadre.

De cualquier modo, el resultado es desastroso para Movimiento Ciudadano. Se queda, por lo menos hasta este momento, como dijera mi abuela en otro de sus dichos: sin Juan y sin las gallinas.

Pero no solo en cuanto a la candidatura presidencial que, de seguro pronto resolverá, lanzando a un candidato propio que dedique la campaña más a barrer el polvo bajo la alfombra o bien apoyando abiertamente a Claudia Sheinbaum, sacando a la luz lo que ha tratado de dejar tanto a la sombra.

De Samuel y su futuro, creo que nos faltan aun actos de esta obra que podrían incluso alcanzar tintes (naranja, obviamente) de tonos más subidos y escandalosos. No descarto que en el Congreso del Estado de Nuevo León traigan ya un borrador de demanda de juicio político o alguna investigación sobre hacienda pública estatal.

La efímera candidatura presidencial de Samuel García fue tan solo una llamarada de petate, una llamarada fosfo-fosfo.