Lo normal

A estas alturas, gran parte del país está ya en aislamiento y con ello, se escucha más frecuentemente la añoranza por volver a la normalidad. Pero ¿a qué normalidad es a la que queremos volver? 

En estos días, me he dado a la tarea de llamar a mis amigos. No hay un orden específico, simplemente ocurre algo que me recuerda a alguien y marco su número. Los llamo a la antigüita, de viva voz, porque la sutileza de los tonos se pierde muchas veces en el texto.  Casi todos ellos se encuentran ya resguardados en casa, saliendo únicamente para lo indispensable. Hay otros, como acá su servilleta, cuya área de trabajo impide la cuarentena absoluta. Esos, los que salimos, lo hacemos con medidas que jamás pensamos que haríamos y viendo, no sin preocupación, como hay algunos que ignoran olímpicamente una simple medida que puede salvar vidas, pensando que están de asueto y poniéndonos en riesgo a los que sí tenemos el deber de salir.  

Quisiera decirles que toda la gente que conozco está bien. Lo cierto es que no. Gran parte de ellos están sumidos en la incertidumbre, tratando de lidiar con ella. “-Si con algo me he encontrado en el encierro, es con mis propios demonios-“, me decía alguien que está pasando su confinamiento acompañada de gente que ama. La pandemia ha entrado en su casa, aunque goce de perfecto estado de salud. A las inseguridades por el futuro, donde la preocupación por las finanzas personales ocupan un lugar central, se han sumado el miedo a enfermarse, el temor a contagiar a quienes están cerca, la angustia por no saber nada: no se sabe cuándo volverán a sus oficinas, cuando retomarán los niños las clases en sus escuelas, cuándo volverán a sus lugares habituales para ejercitarse, cuando se reunirán de nuevo con sus amigos, con sus familias…es decir, a enfrentar la inevitable certeza de que controlar la propia vida, no es más que una ilusión. Lo más difícil, es replantearse todo lo que esta pausa ha obligado a evaluar ¿vale la pena este trabajo? ¿por qué no conozco a mis hijos? ¿quién es ahora la persona que escogí como pareja? ¿por qué no puedo estar tranquilo conmigo mismo?

Y con las dudas a cuestas,  hay quien me aseguró que “volver a la normalidad” significa regresar a doce horas encerrado en la oficina, cuando se ha dado cuenta de que por lo menos cuatro, son horas sin sentido o bien, que fácilmente pueden ser trabajadas desde casa. Hay quien ya atestiguó todo lo que se pierde por no estar a las horas de la comida con los suyos y han tenido que re-conocer a su familia. Hay quien se ha dado tiempo de retomar las cosas que le gustaban: cocinar, leer, tejer, lo que sea. Y aun  recordado, no saben por qué ahora  cuando cocina, leen o tejen, no lo están disfrutando. Olvidaron también el placer. Ahora, las conversaciones con los suyos no salen tan espontáneamente y a veces los silencios no transmiten paz, sino incomodidad. “-Por eso, creo que está bien que esto se alargue. Necesito tiempo para dejar de creer que el acelere en el que estaba, es lo normal, porque no lo es.-”  

Este virus, como cualquier otro, no va a irse. Lo que llegarán, más bien, son métodos para convivir con él. En algunos meses veremos vacunas y tendremos tratamientos para sanarnos, no me queda duda. Pero volver a la normalidad, al menos como entendíamos la normalidad, no estoy muy segura. Si somos medianamente inteligentes, pelearemos por una nueva normalidad, otra más humana y mucho menos absurda. Una en donde quepan menos espejismos.