Hay tres personajes del arte del siglo XX, cuyas obras están relacionadas con la percepción, de una manera especial. A partir de cuestionamiento sobre cómo miramos, cómo interpretamos, qué papel juega el ojo y el cerebro en la construcción de significado, es que nacieron lo que se consideran, piezas de grandes maestros del arte.
Magritte, quien naciera en Bélgica en 1898 en, jugaba con el espectador a través de sus piezas surrealistas que invitan a indagar en el inconsciente y lo onírico. Años después, Vasarely lo haría desde la teoría de la percepción visual y la construcción de un alfabeto plástico; y finalmente, Christo Vladirimov, decidió “envolver su arte” para llevarnos al terreno del ilusionismo en lo que se conoció como Land Art.
Surrealismo, Op Art y Land Art se nombran a los movimientos que estos artistas impulsaron y representaron y con lo cual, quedaron en las páginas de la historia del arte para que nosotros, nos adentremos a buscar en los sueños o en el movimiento y vibración que se produce en un plano de dos dimensiones, o bien la belleza o quizá, el misterio que quisieron compartir con nosotros.
Vistos desde nuestro momento, los tres instalaron un debate sobre la realidad y la percepción de la misma: lo real y lo que no es, dejándonos preguntas que pudieran sonar ingenuas o retóricas o más bien superadas: ¿no existe lo que no vemos? ¿existe lo que imaginamos? ¿existe una obra de arte debajo de esos gigantescos lienzos de tela del artista búlgaro?
El arte ha jugado un papel preponderante en la evolución de las sociedades. Es por medio de éste que las personas indagamos en lo profundo de nuestro espíritu, ya sea jugando o con serios estudios, produciendo así una avalancha de expresiones plásticas, sonoras, textuales y a veces invisibles, que ayudan a mantener la cordura de muchas de nuestras comunidades.
Hablar hoy de arte en medio de esta inmovilidad social parece inadecuado. Pero es precisamente el encabezado de este escrito lo que disparó en mi mente las preguntas ¿es esto real, o porque no lo vivimos en carne propia, no existe?
En estos meses de clausura, muchos nos hemos hecho estas preguntas, nos hemos cuestionado la veracidad del contagio, el poder letal del virus y la posibilidad real de caer en sus garras y experimentarlo directamente. Y a pesar de las cifras locales o mundiales, los ingenuos persisten y yo me pregunto qué hace que cada uno construyamos una realidad diferente ¿los intereses económicos, la seguridad social, la fe, los antagonismos políticos, el miedo, la ignorancia, la conveniencia, la confianza en las autoridades?
No son preguntas para las cuales tenga una respuesta, pero creo que vale la pena preguntarse el porqué de nuestra resistencia a permanecer o no en casa, el porqué de usar o no medidas extremas de higiene.
Estamos en un plano desconocido generalizado. Nadie, absolutamente nadie del común de la gente o de la ciencia o del mundo de la política, sabe a ciencia cierta qué hacer con esto que nos ha dado en la cara de un día para otro. Lo único que creo, es que cada uno tiene el poder de construir parte de esta realidad común, que lo que hagamos en lo individual tendrá consecuencias de carácter masivo y que, aunque vayamos o no en un mismo barco, la tormenta es para todos.
Tendremos que hacer acopio de lo que cada uno saber hacer mejor buscando un bien común y no tan solo el individual, esperando que una vez que la fuerza del viento ceda, podamos retomar la vida de una forma más humana y compartida.
Los artistas, nos han mostrado que la realidad se esculpe con un cincel o una brocha y poder entonces, delinear el futuro que queremos encontrar a la vuelta de estos meses.