De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, el término “regenerar” se define como el dar nuevo ser a algo que degeneró, restablecerlo o mejorarlo. La regeneración es la acción o efecto de la palabra cuyo significado nos ocupa.
El Movimiento de Regeneración Nacional, consolidado hoy como la principal fuerza política en México, más por sus simpatizantes que por sus militantes, pues son más aquellos que éstos, tiene una encrucijada enfrente que quien sabe como la transitará.
La simpatía tiene como característica la volatilidad que se extingue con la convicción del militante. Quien siente esa inclinación afectiva por un político o ideología, no necesariamente permanece fiel, como lo haría aquel que construye su preferencia sobre la sólida base de las ideas conscientes. Se puede migrar del amarillo al azul, así, sin más, como ocurrió en San Luis Potosí, donde quien se creía querido, resultó derrotado.
A nivel Nacional, no es muy diferente el asunto. Hoy el señor López capitalizó el rencor, el odio, la crítica y el sentimiento de venganza, todos fuentes de efímera preferencia electoral, en favor de su proyecto regenerativo. El problema es que no sabemos a que tipo de regeneración se refiere.
En efecto, si acudimos a la definición expuesta, algo se regenera para bien, cuando se mejora, o bien para mal, cuando lo perverso se restablece. Hoy López da muestras de que busca reconstruir un México, trayendo al presente la obsolescencia del pasado que fue su origen.
En el nombramiento de sus coordinadores estatales y desaparición de delegados federales campea el espíritu del centralismo decimonónico que en 1836 se impuso con las Siete Leyes. ¿Cuánto tiempo pasará para que escuchemos que, con el pretexto de mejorar las cosas mediante ciudadanos notables, proponga un Supremo Poder Conservador? Hay que tener presente que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reguladora de la normalidad constitucional, no es objeto de sus afectos.
El reciclaje de obscuros personajes que, como el propio López, fueron forja priista y quienes, al no ser tomados en cuenta, migraron a buscar nuevos aires en Partidos emergentes donde pudieran dar rienda suelta a sus ambiciones y anhelos, es otro de los rasgos que nos ha guiñado López en su vigilia presidencial.
¿Resulta que los malos se han purificado y hoy, redimidos, pueden aspirar a la Rotonda de las Personas Ilustres. Manuel Bartlet andará ya buscando lugar donde erigir su monumento.
Otro botón de muestra en este aperitivo presidencialista, son las claras expresiones de recuperar el nacionalismo revolucionario que ni siquiera el PRI, su autor, pregona hoy en día.
Con mayorías legislativas en Diputados, Senadores y Congresos locales, López se coloca en un entorno que no tuvo ni Carlos Salinas de Gortari; es, a todas luces, el caldo de cultivo perfecto para el desengaño y la desilusión; fácilmente la simpatía electoral de López puede transformarse en decepción cuando sus votantes vean que la mafia del Poder, aquella que tanto cuestionaba, toma carteras del gabinete y asiento en sus mesas de decisiones. Al tiempo.
La regeneración nacional prometida, transita por el pasado, no por el futuro.
De López (de Santa Anna) a López (Obrador), pasando por López (Mateos) y López (Portillo), hay más similitudes que tan sólo el apellido.
@jchessal