Los buenos hábitos

Una de las ventajas de sobrepensar las cosas es que con método y un poco de disciplina, es posible desarrollar el hábito de la prospectiva. La buena noticia es que a menudo Usted anticipará escenarios de mediano o largo plazo que le permitirán prepararse oportunamente. La mala noticia es que a menudo también acertará en pronósticos negativos o catastróficos, en esas típicas situaciones que –Murphy lo sabía- pueden salir mal y que Usted también pensó, a veces por intuición, a veces por cálculo. En cualquier caso, lo que importa, para bien o para mal, es anticiparse y estar preparado siempre.

Las corrientes clásicas del pensamiento racional coinciden más o menos en una cuestión: tomamos decisiones basadas en la mejor información disponible y tratando de anticipar sus efectos y consecuencias. Lo contrario es decidir a ciegas, sin información suficiente –o imperfecta- e ignorando lo que puede ocurrir después. Si pudiéramos clasificar las lógicas que las personas emplean para tomar decisiones, encontraríamos un gradiente amplio en los estilos. No hay modelos únicos ni recetas infalibles. Las buenas o malas decisiones suelen evaluarse en términos de los costos y los efectos.

En el nombre de las buenas decisiones –soy del #TeamRational-, haríamos bien en privilegiar el diseño de escenarios de decisión en función de la información con la que contamos. Lo que no se vale es que el futuro nos tome por sorpresa, sobre todo si en el presente logramos identificar tendencias claras, ciertas y más o menos calculables.

Ya entrando en materia. ¿Se imagina qué hubiera pasado si esta contingencia mundial por el virus COVID-19 se hubiera presentado hace exactamente dos años? Piense por favor en el calendario electoral en México, donde las etapas cruciales se viven durante los primeros seis meses del año. Piense en campañas, actos proselitistas, conglomeraciones, en la jornada de votación, en todo.

Con estrictos fines científicos y antes de provocarle palpitaciones oculares sugiriendo una hipotética posibilidad de un rebrote del Virus en próximos meses –recuerde que tendremos votaciones en México dentro de 56 semanas-, le pido que considere lo que ha estado ocurriendo en otros países. Un interesante informe titulado “Panorama Global del Impacto del Covid-19 en las elecciones” publicado por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral –googlead si os interesa-, ha descrito las estrategias emprendidas por los países que celebran elecciones en este año. Hay países que postergaron los comicios –México, para las elecciones de Hidalgo y Coahuila, o Polonia en un complicadísimo escenario político interno-; países que las celebraron exitosamente empleando una mezcla de medidas de distanciamiento, equipamiento, desinfección, atención a grupos vulnerables junto con la diversificación de modelos de votación –Corea del Sur-; y países que están haciendo poco para conciliar los comicios con la protección de la salud –Estados Unidos-.

Vamos con datos conocidos. Me queda claro que las autoridades en este país plantearán medidas necesarias y pertinentes para prevenir un rebrote de la pandemia. Si un rebrote tiene probabilidades reales -así sean bajas, insisto que esto se encuentra en función de la eficacia en la implementación de medidas-, entonces resulta indispensable anticipar escenarios para la celebración de las elecciones en nuestro país. Quizás nos encontramos frente a un panorama que nos obliga a repensar, sí o sí, en la manera en que organizamos y desarrollamos las elecciones en México. 

Algunas medidas requieren reformas constitucionales –Spoiler alert: no alcanza el tiempo para eso-, otras de modificaciones en leyes y reglamentos –eso más o menos sí alcanza-, otras requieren de modificaciones de procedimientos y le anticipo, tenemos que resolver eso ante el altamente probable escenario de limitaciones presupuestales. 

Si me acompaña en este mismo espacio dentro de una semana, le detallaré un conjunto de medidas que podrían implementarse para celebrar elecciones íntegras preservando la salud de la población. Le adelanto una provocación: la mejor manera de proteger la salud de las personas durante las elecciones, probablemente podría aumentar también los niveles de participación. 

Eso va a requerir de muchos recursos –políticos, financieros y tiempo- que siempre son limitados. Para no improvisar por casos de “fuerza mayor” –póngale atención a ese concepto que también discutiremos la siguiente semana-, necesitamos pensar y dialogar ahora. Ya no como un lujo sino como otro buen hábito. Me da la impresión que eso nos permitirá perfilar mejor los cambios que deseamos ante un futuro incierto. Le espero en unos días.

Twitter. @marcoivanvargas