La administración Trump delineó los cambios en el sistema de inmigración que considera aceptables. Los aspectos más relevantes son un camino a la ciudadanía para 1.8 millones de jóvenes dreamers que fueron traídos a este país de niños sin culpa alguna. 25 mil millones para la seguridad fronteriza y cambios profundos al cómo se aceptarán inmigrantes nuevos.
Los dreamers son moneda política en este país. En una encuesta de la Universidad de Harvard, 77 por ciento de los estadounidenses apoyan que estos jóvenes se queden y obtengan la ciudadanía. Por lo tanto mostrar indiferencia o deshumanización en su contra no paga dividendos.
Por eso demócratas y republicanos usan a los dreamers como moneda de cambio para dañar al rival y negociar lo que realmente desean. Ahora Trump con su plan deja claro lo que quiere: excluir de todo recurso de redención a 9 millones de indocumentados, reducir la inmigración a la mitad —como lo prometió en campaña—, abriendo la puerta sólo a los extranjeros aceptables para él.
La carnada lanzada llega con el altísimo precio de transformar los cimientos de lo que hasta ahora es la base del sistema de inmigración. Por ejemplo, al terminar con la mayoría de recursos con los que un ciudadano o residente legal puede patrocinar a un familiar en el extranjero para inmigrar, se amputaría un sistema que considera la reunificación familiar y el humanismo.
Volviendo al plan Trump, éste exhibe dos abominaciones. 1. Quiere plasmar sus prejuicios en política pública que convierte a Estados Unidos en un país restriccionista. 2. Trump no entiende a esta nación ni los elementos que la han engrandecido.
En un gran texto, el columnista del “Washington Post”, Ruben Navarrette, se pregunta, ¿cómo puede liderar Trump un país que no entiende? “La nuestra es la principal tierra de las segundas oportunidades, esta gente viene cuando sus países los descuidan, abusan y oprimen. Y con frecuencia tienen éxito aquí porque saben qué opciones hay en otras partes”, escribió el periodista.
Por la importancia del tema y la simpatía de los estadounidense por los dreamers, es prudente negociar un mejor acuerdo que los arrope legalmente, sin destruir las bases humanísticas de un sistema migratorio que de por sí es malo, pero que siempre puede transformarse en horrible.
(Periodista)