Los dueños de la verdad

En esta ocasión voy a recuperar algunos fragmentos publicados en esta columna en distintos momentos, dado que en este momento vale la pena tener muy presente el tema de la verdad.

El 19 de junio de 2019 publiqué mi colaboración con el título “La verdad”, en la que señalé: “Recurriendo al Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, la verdad es definida como la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente o de lo que se dice con lo que se siente o se piensa; también se define como la propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna o bien un juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. El concepto “verdad” se liga indisolublemente, entonces, con el de “realidad”, el cual es concebido como existencia real y efectiva de algo, lo que ocurre o tiene una existencia objetiva”.

También dije que: “Un demagogo es quien practica la demagogia; también la cabeza o caudillo de una facción popular e, incluso, un orador revolucionario que intenta ganar influencia mediante discursos que agiten a la plebe. Por su parte, la demagogia es la práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular; es una degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder (todo según el diccionario que hemos ya citado)”.

El 6 de enero de 2020 publiqué mi columna “Credibilidad”, en la que afirmé: “Aquí cabría preguntarnos, entonces, si ante la bondad del fin perseguido o logrado, la verdad deja de importar; si apartarse de la realidad se justifica, solo por las buenas intenciones, sin que debamos tener el espíritu crítico que distingue a la razón. ¿Estaremos, entonces, ante una realidad ‘a la carta’, donde atribuimos como cierto todo aquello que nos satisface o, por lo menos, descalificamos la necesidad de apegarnos a lo real, solo porque lo irreal nos parece más atractivo?”

Para terminar las citas, el 24 de agosto de 2020, en mi columna “”Fascismo” señalé la siguiente referencia: “Llegó a mis manos el libro de Calamandrei ‘El fascismo como régimen de la mentira’, con una magnífica introducción de Jacobo López Barja de Quiroga, Magistrado del Tribunal Supremo español. Pocas obras nos ayudan tanto a entender a López y los suyos en el gobierno de México. En la introducción a la obra, Barja de Quiroga dice que hablar de mentira y fascismo es difícil, dado que esta concepción política es de una extrema simpleza. Señala que lo importante no es que algo sea verdadero o falso, sino que lo importante es que se hable del hecho, pues los fascistas consideran que ‘…el hecho falso pero repetido llega a ser verdad’; lo importante es el beneficio que se puede extraer del hecho incierto”.

La razón de hacer este ejercicio de memoria es porque el pasado 30 de junio el señor López hizo público su nueva rutina cómica llamada “Quién es quién en las mentiras de la semana”, con el cual pretende apoderarse de la verdad, como buen fascista, haciendo creer a sus seguidores y simpatizantes lo que quieren construir como su propia realidad.

La mentira es lo puesto a la verdad, su ausencia. El señor López sabe de lo que habla pues, según un estudio de la consultora política SPIN, desde el inicio de su gobierno ha dicho cincuenta y seis mil ciento ochenta y una afirmaciones falsas o engañosas durante sus conferencias de prensa matutinas.

Con esta gran manipulación de datos e informaciones el señor López, con una fanática como cara visible, pretende generar una corriente de opinión en el sentido de descalificar, mediante la calumnia y la insidia a medios, periodistas y opinadores que resulten contrarios a sus deseos, visiones y delirios.

Hacerse pasar por dueño de la verdad, como pretende en cuanto a forma y medios empleados, es una canallada.

Si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, jamás he visto que los mexicanos hayamos hecho algo tan malo para tener el gobierno que tenemos.

@jchessal