Los grupos del vino II

En la entrega anterior hacíamos un raudo paseo por la historia de los grupos alrededor del vino, desde el simposio griego hasta los clubes de cata de nuestros días. Hoy, según me comprometí, vamos a escudriñar los perfiles de algunos personajes que componen estas agrupaciones. Si te reflejas en alguno de estos espejos, ¡enhorabuena!, eres parte de la H. Comunidad del Vino. Perteneces, para bien o para mal.

En primer lugar está “el enófilo”, o “el combibel”, como a mí me gusta llamarle. Es, simplemente, una persona que ama al vino. Se caracteriza por su atención a la cata, su entusiasmo. No importa el grado de conocimiento o experiencia que tenga: siempre es grato compartir una copa de vino con él. Es sensible y atesora las experiencias que nos regala este hermoso mundo, invierte en ellas, las procura, tiene una genuina afición.

Como es de esperarse, está “el gurú”. El gurú es el iniciado. El gurú es casi siempre un profesional, ha cursado estudios, tiene títulos, vive del vino y/o para el vino, es enólogo, sommelier, productor, especialista. Lo que guarda en su cava vale más que su coche seguramente, muchas veces más que su casa. Hay gurús de todo tipo; autoridades, academicistas, heterodoxos, geeks, enciclopedistas, filósofos, telúricos, clavados, exclusivistas, aventureros. También hay falsos gurús: charlatanes, egoístas, diletantes, dogmáticos.

En el otro extremo está, por supuesto, “el novato”. Todos hemos sido novatos alguna vez, y es en donde hay más variedad de personalidades. Son el alma de estas agrupaciones los que se acercan al vino con respeto, cariño, humildad y curiosidad. Son geniales quienes no se cortan al preguntar todo lo que les viene en mente y que opinan con mesura y franqueza. Las motivaciones de estos individuos van desde el genuino deseo de ampliar sus horizontes enológicos hasta quienes lo hacen sólo por convivir, pasando por quienes aspiran a ser parte de lo que ven como una tendencia, moda o aspiración. Sin ellos no subsistiría la industria.

Un personaje muy frecuente en estas reuniones es “el interesado”. Ellos tienen un cometido muy específico y premeditado mucho antes de tratar de integrarse a un grupo determinado: ya sea social, económico, laboral o afectuoso, lo que menos les interesa es el vino. Llegan a tener oscuras agendas y contaminan los grupos siempre tratando de llevar la atención a sus verdaderos intereses. Es fácil detectarlos, pero difícil deshacerse de ellos.

Uno menos común, pero también muy curioso es “el coleccionista”. Este sujeto no colecciona botellas precisamente, aunque a veces reúna algunas para no dejar de ser parte, lo que él colecciona son grupos. Identificado a veces también como “ajonjolí de todos los moles”, pertenece a tantos clubes como hay en su comunidad: club de puros, club de whiskys, club de cine, club de horticultura, club cinegético, club de doll-enthusiasts, club de clubes, peña del club de futbol, etc. Generalmente es inofensivo, pero también es poco comprometido.

Uno más es “El doble A”. Asiste a las reuniones con la mira fija en el momento en que se deje de servir vino de una vez por todas y se pase a las cubas. Los destilados son lo suyo. Pertenece al grupo como pretexto para beber; no le desagrada el vino, pero aprecia más el efecto que tiene en su estado anímico que los aromas y las características estructurales de una buena copa de borgoña. Bebe el vino aceleradamente, sin poner mucha atención, con un sentido de urgencia y divaga cuando la conversación gira en torno a la materia que une a los participantes. Dependiendo del grado de prudencia que muestre, es más o menos peligroso para el buen devenir de la cata.

Aquí algunos de los habitantes de la catósfera. Yo tengo algo de cada uno de ellos, incluso alguna vez me encuentro más preocupado por otros asuntos que del vino en sí… Seguramente, caro lector, conoces o imaginas a otros ejemplares y especímenes. No dudes en escribirme y así nutrimos juntos este peculiar bestiario.

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