Los meandros de la política o los políticos sin definición

A la memoria de mis abuelos.

Las campañas políticas están de moda, son el tema recurrente en un momento del desarrollo de la democracia donde las ideologías ya no marcan la diferencia entre los competidores por el poder político; la evidencia más inmediata es la relación entre un partido político conocido tradicionalmente como de ‘derecha’ y otro partido que surge como expresión de la ideología de ‘izquierda’; los cuales son unidos por sus dirigentes en turno para enfrentar la competencia por el poder de gobernar y el poder de definir leyes y recursos.

Quizá puede parecer poca cosa este tipo de combinaciones entre políticos y partidos, sin embargo, no lo es y ese es el tema.

Tomemos un ejemplo al cual le damos una explicación simple; la idea que, de ser pobre, puede tener una persona. Si la persona tiene la idea de que su situación de pobreza es una prueba que Dios pone a su fe, muy posiblemente ‘aguantará’ la prueba, con la esperanza de que Dios recompense su fe y su tolerancia. En el fondo de sí mismo, creerá que su situación no depende de su voluntad.

Desde otra perspectiva, si la persona en situación de pobreza considera que los políticos del gobierno han hecho un trabajo político que no resuelve problemas, que no logran modificar la situación en la que viven; no creerán que es voluntad de Dios, sino que, considerarán que los políticos son malos. Así, cuando una persona en situación de pobreza cree que su situación depende de los políticos y no de Dios, entonces, no aguantarán la situación, ni a los políticos, y buscarán el cambio como medida para resolver sus problemas. Saben que, en buena medida, sus problemas dependen de su voluntad.

En este marco de reflexión, y también desde un sentido primario, básico y elemental; las campañas políticas serían el escenario para mostrar qué se piensa de los problemas que aquejan y qué alternativas se ofrecen desde la perspectiva en la que se miran los problemas. De tal forma que se pueden discutir las perspectivas, las alternativas y/o ambas.

En tal escenario, una campaña política es poner a la consideración de los electores, de los que deben decidir; cómo miran los problemas quienes compiten por el poder, y qué ofrecen como alternativas desde sus perspectivas.

Retomemos el ejemplo de la pobreza y las explicaciones simples; desde la idea de la ‘izquierda’, la pobreza es un desequilibrio entre los ingresos de quienes son dueños de las empresas y los trabajadores; desde esta perspectiva, las propuestas u ofertas para un gobierno de izquierda y sus leyes, estarían encaminadas a buscar tal equilibrio. En el mismo tenor, desde una perspectiva de ‘derecha’, se plantea que la pobreza es el producto del bajo índice de desarrollo de las personas; educación y capacidad principalmente, lo cual no implica la necesidad de una mayor regulación de las empresas, sino de lo que se denomina: ‘gobierno eficiente’.

Eso es en el sentido tradicional de las ideologías, las que, insisto, hoy no se muestran en los partidos políticos, ni en los mal llamados políticos ‘independientes’; con excepción de Marichuy, la candidata de los pueblos indígenas, quien sí es independiente (considerando que no viene de un partido político) y, sí define claramente a quién representa y qué objetivos persigue.

En las condiciones de la actual contienda, ¿quién es quién? O, dicho de forma más clara, ¿a quién representan quienes compiten?...

Se ha señalado que la actual contienda es una lucha moral por el poder contra la corrupción; que, sin duda, es una lucha importantísima; sin embargo, la lucha por el poder del Estado no puede reducirse a una lucha entre: a quienes se acusa de rateros y los que dicen que no lo son; finalmente, el Estado mexicano tiene un sistema de justicia que no es producto de una democracia directa y, gane quien gane, toda acusación en los medios de comunicación no establece un proceso judicial.

Meter a la cárcel a todos los que han robado el erario público (ilusionados de que fuera posible) no resolverá el problema de la pobreza en México. Creer que hay una relación de causa efecto entre el fenómeno social de la corrupción y el fenómeno social de la pobreza es, francamente, una correlación inocente. Amén de una polémica que nos distrae de los problemas que provoca la vergonzosa diferencia social de oportunidades para adquirir competencias sociales.

Para decirlo en forma precisa, las diferencias entre los salarios, los sistemas de salud y la educación entre la población en México son abismales y no nos permite competir por una vida digna con un ‘suelo parejo’; como gustan de señalar los políticos actuales.

Los candidatos, frente a la necesidad política de definiciones políticas, sobre estos y otros temas, parecen meandros y ese es el punto. No se definen y, del mismo modo que hoy se dicen representar a los más necesitados, mañana votan por leyes que afectan a quienes dicen representar.

En campaña, salen los políticos a la calle y le dan a su discurso público un sentido hacia la ‘izquierda’, solicitando nuestra confianza para representar nuestros intereses pero sin definirse ellos mismos y, mañana, ya en el poder, toman el otro sentido; votando leyes que nos perjudican argumentando que lo hacen por nuestro bien.

Así, los políticos van serpenteando de izquierda a derecha y de derecha a la izquierda, como arroyos entre la orografía política erosionando nuestra existencia, depredando nuestros ecosistemas de vida, mientras ellos se construyen paraísos lejanos al medio en que, posteriormente, nos abandonan.

Entre el tema y el punto de este artículo queda la cuestión, ¿Es ajeno a nuestra voluntad lo que nos ocurre con nuestro sistema político?... Usted, ¿qué opina?

joseramonuhm@hotmail.com