Es verdad que López Obrador llegó a la presidencia de México por método democrático, gracias fundamentalmente a tres factores: El repudio, rechazo, de la mayoría de los mexicanos a la corrupción rampante del gobierno del PRI, con Peña Nieto a la cabeza, y al trabajo ordenado, eficaz y honrado del Instituto Nacional Electoral, que reconoció su triunfo con casi la mitad de los votos emitidos, pocas horas después de terminada la jornada electoral, sin que nadie lo objetara. Las promesas incumplidas de un candidato, AMLO, que ofreció combatir la corrupción y la violencia, y mejorar sustancialmente los índices de la economía, reduciendo la pobreza en el país.
Como también es verdad que una vez en la presidencia, se ha estado burlando de todas sus promesas de campaña, sin reducir en lo más mínimo la corrupción, aumentando el número de víctimas de la violencia a niveles mucho peores que todos los gobiernos anteriores e incrementando el porcentaje de familias en pobreza, en 15 millones de personas, según datos del INEGI.
Asímismo, es verdad que ha abusado descarada e ilegalmente de su poder utilizando sus peroratas de cada mañana para denostar y estigmatizar a quienes han hecho críticas a sus monumentales errores: La cancelación del AICM en Texcoco, la construcción de proyectos muy onerosos para el erario, como Dos Bocas, Tren Maya, aeropuerto AIFA, sin soporte técnico adecuado y sus programas sociales para repartir enormes sumas, sin permitir que se auditen completos.
Ha sembrado encono y divisionismo durante todo su gobierno, descalificando instituciones y personas, lo que ha reducido drásticamente la confianza en el país y por ende la inversión nacional y extranjera tan necesaria para la creación de nuevos empleos. Desde su tribuna diaria de Palacio Nacional, descalifica, difama, con imputaciones que jamás comprueba ni somete a proceso judicial y legal, a ciudadanos que ejercen sus derechos y su libertad de expresión, como “conservadores”, “minorías rapaces”, “neoliberales”, etc. etc. Se erige así como nuevo déspota mexicano que se une al grupo nefasto de los Chávez, Castro, Noriega y Maduro.
El despotismo es el conjunto de actitudes y prácticas de quien abusa de su poder en el trato con los demás. También se define como déspota a la autoridad que alguien ejerce de manera absoluta y arbitraria, sin limitación alguna por parte de las leyes o de otros poderes. En este sentido el despotismo constituye un abuso de poder o de fuerza en el trato hacia otras personas. En el despotismo, el poder está por encima de la razón, lo que significa que la voluntad del gobernante está por encima de la ley.
El presidente continúa dolosamente, impulsando su descabellada, grotesca propuesta de su propia revocación de mandato, cuando él sabe que no es necesaria y que la constitución general de la república, que juró defender al tomar posesión, establece claramente que una solicitud de revocación debe de ser propuesta SOLO POR LA CIUDADANÍA, sin injerencia de partidos y mucho menos del funcionario cuyo desempeño está siendo cuestionado. No obstante, es el presidente mismo quien promueve este ejercicio, cuando no hay nadie en la ciudadanía que esté pidiendo su revocación. Extraño, ¿verdad? Expide un fuerte tufo a engaño, a trampa. ¿Porqué lo promueve el propio presidente? ¿Cuál es en verdad su propósito?
Me parece que puede tener varios: Por una parte, que sirva como distractor para no hablar del trágico pantano de sangre en que está sumido su gobierno por falta de una política eficaz y exitosa para contener la violencia que se sigue extendiendo en todo el país. Pretende sin conseguirlo que los mexicanos no nos ocupemos de esa terrible desgracia, de más de 100,000 muertes violentas, que mucho nos duele y además, nos mancha con la triste fama de ser México el país más violento del mundo. Con más muertes violentas cada día, que las de otros países que están padeciendo una guerra, como son Ucrania y Siria.
Por otra parte, sin importar el resultado de la consulta, pase lo que pase, si el voto rebasa o NO, el porcentaje del 40% del padrón, él seguirá en el poder de todos modos, hasta octubre del 2024, pero le servirá como pretexto para acusar al INE de no haber promovido ampliamente la consulta y buscar su desaparición con una nueva ley, que ya propuso en su perorata matinal, un nuevo organismo hecho “a modo” para controlar el resultado de la elección del 2024, conforme a su sola y enfermiza voluntad de continuar en el poder, o, fuera de la presidencia, mediante un presidente títere.
Siendo su especialidad tener un discurso que divide y confronta al pueblo, quiere usar el ejercicio de revocación para confrontar y dividir a los mexicanos en este caso a los que creen de toda buena fé y a quienes respetamos plenamente, que hay que votar para revocarle el mandato ya, y los que piensan, como el que esto escribe, que lo mejor es NO IR A VOTAR, dejarle las urnas vacías o semivacías.
Ir a votar, así sea para pedir su revocación, que el presidente no acatará de cualquier manera, dará el pretexto para acusar al INE, como ya lo ha venido haciendo desde hace mucho tiempo y sin una sola prueba, de corrupción y de operar como su adversario. Como siempre sin comprobar ninguno de sus dichos, pero buscando manchar su imagen, en especial la de los consejeros que no se someten a su capricho.
Lo que en realidad está buscando el presidente es desaparecer al INE, una institución que hasta ahora se ha comportado con dignidad y honorablemente, y ha sido un verdadero defensor de la democracia en nuestra patria. Es hora de que los ciudadanos hagamos PRESENCIA EN LA CALLE y levantemos la voz para defender esta importantísima institución, no perfecta pero sí muy valiosa.
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