La pandemia del COVID-19 ha evidenciado las enormes desigualdades que aquejan a las sociedades de todos los países del mundo. En México, el virus no sólo ha evidenciado los retos y carencias del sector salud producto de años de corrupción y recientes recortes presupuestales; sino que también ha puesto en evidencia los retos y carencias del sector educativo, el cual depende en gran medida de un sistema tradicional de enseñanza presencial que descansa en la enorme desigualdad de la población en el acceso a la tecnología.
Siguiendo el ejemplo de otros países, una de las primeras medidas implementadas en México para contener el contagio del COVID-19 fue emitir el acuerdo mediante el cual se suspendieron las clases del periodo comprendido del 23 de marzo al 17 de abril de 2020 en las escuelas de educación preescolar, primaria, secundaria, normal y demás para la formación de maestros de educación básica del Sistema Educativo Nacional, así como aquellas de los tipos medio superior y superior dependientes de la Secretaría de Educación Pública como una medida preventiva para disminuir el impacto de propagación de la COVID-19 en el territorio nacional. Asimismo, todo el personal docente y administrativo de las escuelas públicas, en todos los niveles de enseñanza, participarían en el “aislamiento voluntario preventivo, en sus hogares”, como parte de las disposiciones para prevenir el contagio del Covid-19, informó la Secretaría de Educación Pública (SEP). A este acuerdo le siguen unos más que han ido extendiendo el periodo de suspensión hasta el 30 de mayo 2020.
De esta manera niñas, niños y jóvenes, así como docentes y administrativos dejaron de asistir a guarderías, escuelas y universidades, para no contraer y propagar la enfermedad y como medida eficiente para reducir en extremo la movilidad en todas las ciudades del país. Según datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en México, esta medida provocó que más de 30 millones de alumnos de nivel básico, medio superior y superior, suspendieran las clases para resguardarse en sus hogares, e involucró que a alrededor de 1.5 millones de profesores y trabajadores administrativos y de apoyo, tan sólo del sistema de educación básica, que va del nivel inicial a secundaria dejaran de trasladarse.
Tras dicho acuerdo de suspensión de clases, se instruyó a directivos y docentes a continuar el proceso de enseñanza-aprendizaje desde casa y se extendió la disposición a padres de familia, tutores y alumnos. Ahora los alumnos estudiarían desde casa, pudiendo hacerlo en línea a través de las distintas plataformas ya habilitadas y algunas otras por habilitar, o a través de la radio y la televisión por medio de programas educativos transmitidos por la SEP. Con esta medida se aseguraría continuar con el semestre para llevar a término “lo mejor posible” el ciclo escolar 2019-2020.
El problema público, bien sabido por las autoridades educativas, salió a relucir para el resto de la sociedad debido a que, en tiempos de cuarentena, “sana distancia” y “aislamiento social”, una de las herramientas para mantener a flote el sistema educativo del país, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, sería la educación digital o a distancia. Es así que se dejó ver la exclusión de un gran número de estudiantes y maestros por su falta de acceso a equipos de cómputo y a los sistemas digitales utilizados para hacer frente a la emergencia sanitaria. De esta manera, de acuerdo con especialistas, la gran brecha digital que ya existía en México se expresa ahora en una brecha de aprendizaje. En exclusión educativa.
En algunos casos, para continuar con la enseñanza y el aprendizaje de su alumnado, diversas instituciones educativas han intentado hacer frente al distanciamiento y aislamiento social a través de la tecnología con la que cuentan, impartiendo clases online. Sin embargo, han quedado en una enorme desventaja los alumnos que no cuentan con conexión a internet ni computadoras en sus casas o zonas de residencia.
La salud es lo primero, y eso es indiscutible. La medida tomada por el gobierno federal de sacar de las aulas a los estudiantes de todo el país, para reducir la movilidad, ha sido eficaz para contener la propagación masiva del COVID-19 y así evitar, en la medida de lo posible, saturar los hospitales del país y colapsar al sector salud en general. Pero con estas disposiciones, la educación del país se ha visto tambaleada, ha mostrado su lado más cruel y los retos que enfrentamos en la materia a partir del uso exclusivo y necesario de las nuevas tecnologías. Esa cobertura educativa que por muchos años distinguió al país, hoy se ve opacada por la brecha digital y de acceso al aprendizaje.
Varias son las reflexiones que podemos hacer respecto a lo que puede venir para la educación en México tras esta pandemia COVID-19, tomando en cuenta que vendrá una crisis económica importante, que habrá que hacer reajustes presupuestarios, y que, sobre todo y seguramente no se podrá invertir mucho en el sector. Por ello habrá que pensar, plantear y replantear en el corto plazo qué viene para México en materia educativa, y buscar sacar adelante a los millones de estudiantes del país -de todos los niveles- para concluir el ciclo escolar 2019-2020.
Al volver a las aulas de manera presencial: 1) deberán implementarse estrategias de enseñanza práctica para remediar los aprendizajes perdidos en este semestre atípico que tuvieron; 2) deberá planearse y replantearse un próximo ciclo escolar que integre los conocimientos básicos necesarios que se tenían como objetivo para este semestre de acuerdo al grado o nivel escolar, que en teoría y atropelladamente, habrán finalizado; y lo más importante 3) SOBRE TODO, SE DEBERÁ CUIDAR LA SALUD EMOCIONAL Y MENTAL DE LOS ESTUDIANTES, a través de estrategias que les ayuden a comprender mejor lo que hemos vivido como sociedad y lo que estaremos viviendo en los próximos meses y años como resultado de este “alto” en nuestras vidas.
La salud es lo primero, y eso es indiscutible. El sector educativo lo deberá tener en cuenta. El reto principal para la educación en México será primero la salud emocional y mental de los estudiantes, cuidar del futuro de México; las estrategias y planes para mejorar la enseñanza vendrán después.
Maestra en Asuntos Políticos y Políticas Públicas
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