Lupe el moralista

Época de oferta electoral: momento único  en el que  los políticos buscan las posturas más procaces o grotescas para la foto, abrazan y besan a la anciana sudorosa y chimuela, se deleitan comiendo caldos terrosos o tacos malolientes, y les sobran las sonrisas en los rostros que aparejan a la piel y el sudor de los otros. Seguro piensan, a los que se les da hacerlo pues el acto es complejo, que gracias a eso se identifican con el pueblo. Apoyos sociales y despensas fluyen y las promesas nunca cumplidas se vuelven a formular. Radio, televisión y redes sociales se convierten en una asquerosa promoción de dádivas, recordando tiempos pasados mientras proponen un  glorioso futuro, en el cual, el partido en cuestión es el único que le cumplirá a la gente. Todo votante sin  importar distrito electoral cuenta.

En este ilusorio contexto y como revestido de autoridad pontificia, mientras infalible habla ex catedra, el secretario general de Gobierno, Guadalupe Torres Sánchez, espeta a los funcionarios públicos en general: "Ni ético ni moral hacer campaña sin dejar cargo". Ignorante en materia electoral, este apercibimiento lo lanza luego de que el Tribunal Electoral de San Luis Potosí, siguiendo una línea jurisprudencial del Electoral del Poder Judicial de la Federación y de precedentes dictados en la Segunda Circunscripción, a la cual pertenece San Luis Potosí, haya establecido que en la elección consecutiva o reelección en un cargo de elección popular, la persona que lo ostente puede hacer campaña sin dejar el cargo o pedir licencia, pues lo que busca esta figura es premiar o castigar el desempeño del funcionario electo y, por ello, ordenó al Consejo estatal electoral y de participación ciudadana (Ceepac) modificar los lineamientos que ordenaban pedir licencia al puesto.

Tecnicismos legales aparte (de cualquier manera no los comprende), Torres Sánchez carece de legitimidad para hablar de ética o moral, de las que ahora se convierte en exégeta. Insolvente en ambas, olvida que el partido y proyecto político a los que pertenece, han sido los mayores violentadores de las normas electorales en la historia de San Luis Potosí. Su campaña y promoción personal son permanentes, la ciudad es pintada de amarillo o verde, según les convenga, revisten  de pintas y lonas promocionales lo mismo casas que dependencias; los permisos son intrascendentes. Pequeños pecados.

Si tratamos de ver el asunto con un poco más de detalle, nos percataremos que "eso que llaman gallardía" se ha convertido en una agrupación de especialistas en ridiculizar a las autoridades electorales y judiciales en general. Rebasan gastos de campaña, hacen promoción el día de la jornada electoral y lo mismo aprovechan –inmoralmente– la pandemia para sacar raja política, que falsifican actas electorales para mejorar sus números. ¿Tendrán imprenta?

En el ejercicio de revocación de mandato de 2022, el Instituto Nacional Electoral detectó en las urnas de San Luis Potosí siete mil boletas falsas que fueron nulificadas; es decir, no se contabilizaron para ese ejercicio. Un año antes, el Partido Acción Nacional  se quejó ante los tribunales electorales que en la elección a gobernador había boletas de diferente tamaño, material y sin folio, es decir, apócrifas, pero éstas sí fueron contabilizadas. ¿La Fiscalía General de la República dará seguimiento a estos hechos o, a petición de parte, guarda los expedientes en cajones (como al fiscal en su sarcófago)?

Tomando sólo esos datos como ejemplo, habría que preguntarle al secretario si tiene autoridad y capacidad para hablar de ética y moral. Primero debería analizar la actuación de su partido y de su jefe, quien un día sí y el otro también, aprovecha en eventos de cualquier tipo para promocionar su imagen o la de cualquiera que considera tonto útil, y después reconvenir a sus oponentes. No cuesta mucho entender que manejan el mismo concepto de moral que Gonzalo Santos: "no sé qué opinen los moralistas, pero para mí la moral en la política es un árbol que da moras".

Viene una jornada donde la gallardía se juega su posición, tiene que cumplir su compromiso en números de votos con su aliada Morena y quedar bien con la pragmática Claudia Sheinbaum; esperemos que la contienda y el proceso lo lleven con la ética y moral que piden a sus contendientes. No estaría por demás que comenzaran  suspendiendo el programa donde el gobernador le hace al conductor de radio para publicitarse en redes sociales o que retiren los espectaculares donde Ruth González, esposa del gobernador, se promociona impunemente. ¿Será la asesoría de Héctor Serrano?