Luz de noche

El 24 de mayo de 1935 se jugó en el estadio Crosley Field de Cincinnati el primer juego nocturno del beisbol de las Grandes Ligas, en un campo de juego iluminado por 632 reflectores eléctricos de 1,500 watts cada uno. Para dar más realce al histórico evento, el encendido del sistema de iluminación fue accionado de manera remota por el presidente Roosevelt desde su oficina en Washington. Con relación al partido –en el que los Rojos de Cincinnati vencieron 2 a 1 a los Filis de Filadefia–, Billy Sullivan, primera base de los Rojos, declaró a la prensa: “Sin ánimo de hacer un juego de palabras, se sentía la electricidad en el ambiente: en el campo, en las gradas y en el dogout”. Por su parte, Billy Myers, parador en corto de los Rojos, opinó: “En las ligas menores, ni siquiera se veía a los jardineros. En el antiguo Crosley Field, se veía bien la pelota de noche. Me gustaba jugar de noche”. 

Como era de esperarse, existían también opiniones negativas. Así, según el propietario del equipo Senadores de Washington: “No hay ninguna posibilidad de que el béisbol nocturno se popularice en las grandes ciudades. Allí la gente sabe apreciar lo mejor y no lo apoyaría. El béisbol de alto nivel no se puede jugar de noche bajo luz artificial”. Ahora sabemos que el beisbol de alto nivel sí se puede jugar bajo luz artificial, como se pueden jugar otros deportes, pues la luz eléctrica ha borrado, en buena medida, la distinción entre el día y la noche. 

Por otro lado, más allá de aspectos puramente visuales y de permitir la práctica de deportes en la noche, la creciente iluminación terrestre es un indicador de las actividades humanas, desde el crecimiento de las ciudades y el desarrollo de nuevas industrias, hasta la destrucción producida por las guerras. Y en este sentido, un artículo aparecido el pasado mes de abril en la revista “Nature”, hace notar que, si bien en términos globales, la iluminación del planeta está creciendo, este crecimiento no es uniforme, ni por regiones ni a lo largo del tiempo, e incluso en algunos casos se revierte. El artículo fue publicado por un grupo de investigadores encabezado por Tian Li de la Universidad de Connecticut. 

Escriben Li y colaboradores: “La Tierra iluminada, vista desde el espacio por la noche, es un poderoso testimonio de la presencia humana, que revela un globo negro cada vez más delimitado por la luz de los asentamientos humanos, las industrias y las infraestructuras energéticas. La luz artificial nocturna extiende la visibilidad más allá de las horas diurnas, permitiendo el movimiento, la reunión y la continuidad de la vida diaria las 24 horas del día. Sin embargo, la luz artificial es mucho más que un espectáculo visual: es una señal directa y medible de la actividad humana, que refleja cómo construimos y alimentamos nuestros asentamientos, la dinámica de nuestras economías y nuestras respuestas tanto a las crisis como a las oportunidades”.

En el contexto anterior, Li y colaboradores llevaron a cabo un estudio con 1.16 millones de imágenes satelitales nocturnas, adquiridas entre los años 2014-2022, que cubren aproximadamente el diez por ciento de la superficie terrestre. Encuentran que la intensidad de la luz que se desprende de la superficie terrestre está incrementándose en forma global. Sin embargo, también encuentran regiones en donde dicha intensidad crece mientras que en otras disminuye. Además, las velocidades de incremento o disminución varían a lo largo del tiempo. Al respecto, los autores escriben: “La variabilidad de la iluminación nocturna refleja el ritmo y la naturaleza de la actividad humana, manifestándose como eventos abruptos, como nuevas construcciones o desastres, o como tendencias graduales impulsadas por fuerzas económicas o demográficas a largo plazo. Por lo tanto, comprender la dirección, la ubicación y la intensidad de estos cambios es importante para evaluar el alcance total del cambio global y su impacto en la infraestructura humana y las transiciones energéticas”.

Li y colaboradores muestran mapas que muestran el crecimiento o disminución de la intensidad luminosa en las diferentes regiones del mundo. De manera no sorprendente, dichos mapas muestran a China y a la India con crecimientos en sus niveles de iluminación, sobre todo la costa oriental del primer país, y en el norte del segundo. En contraste, Europa aparece con una disminución en sus niveles de iluminación, posiblemente por políticas de conservación energética. 

Concluyen Li y colaboradores; “Este análisis global de alta resolución de la dinámica de la luz artificial nocturna refina y amplía nuestra comprensión de cómo la humanidad está alterando el entorno nocturno. Nuestros hallazgos demuestran que la huella lumínica humana no es una entidad que se expande universalmente, sino un sistema dinámico, caracterizado por la coexistencia generalizada de aumento y disminución de la luminosidad”. 

Así, si bien para los simples mortales la iluminación nocturna nos ha traído muchas ventajas –disfrutar de un partido nocturno de beisbol, por ejemplo–, para los especialistas, además,   constituye una oportunidad para estudiar las actividades humanas a lo largo de la superficie del planeta.