Mientras la mayoría de la clase política “muestra músculo” y acusa a los otros de actos anticipados de campaña, hay zonas de interés que muestran que su trabajo, el de la clase política, no ha sido el más adecuado. Entre acusaciones y megalomanías, lo que menos parece importar son las condiciones básicas y los servicios que son un derecho de todos.
El valor de una vida, sobre todo la ajena, es diferente para cada quien. En una sociedad donde se impulsa el individualismo, el triunfo personal, “la fama”, los escenarios grandotes, no suele haber buenos resultados. A partir de casos recientes de “enajenación”, por decirlo suavemente, mucho se ha dicho en las redes sobre priorizar la “salud mental”, pero seguimos repitiendo patrones de minimización y hasta de “destrozar” a alguien por “venganza” o “broma”.
Y aún existe la pena de muerte. El destino, el designio divino o como le quieran llamar suele ser irónico. En Tennessee, Estados Unidos, Christa Pike, de 50 años, fue condenada a la pena capital desde hace 31 años por el asesinato (bastante sádico) de una jovencita (como ella) y este miércoles debió cumplirse la ejecución. En 1996 había sido condenada a la silla eléctrica, pero ese método ya no se ejerce. Sus abogados pidieron la horca, pero tampoco aplicaba. Este miércoles 30 de septiembre fue colocada en una cama a la vista de testigos y se le suministró una inyección letal (en teoría). Tras una hora y otra inyección, dicen, seguía roncando. Fue trasladada a un hospital. Luego de esos dos intentos, dicen los versados en leyes gringas, la sentencia permanece, pero la orden de ejecución caducó esa medianoche. Permanece inconsciente, conectada a un ventilador.
Hubo dos ataques de jóvenes alumnos o exalumnos a escuelas de nivel medio (secundarias) esta semana. La ira de la era se centró en los centros de enseñanza y convivencia de estos atacantes. En Torreón, Coahuila, un par de jóvenes de 18 años, hermanos “cuates” y exalumnos de la misma, ingresaron a una escuela al grito de “¡venimos por todas las mujeres!”. Con armas blancas mataron a la subdirectora e hirieron a otras cuatro personas. Ese mismo día, en Querétaro, Querétaro, un alumno de 13 años, de primer grado, atacó con un par de cuchillos a compañeros y maestros, con un saldo de cuatro personas lesionadas.
Cuando cualquier palabra puede ser vista como signo de violencia, cuando pasas de año vayas o no vayas a clase o no pongas atención o no entregues tareas, mucho cambia la percepción de qué es el esfuerzo personal. Y sin apoyo institucional, muchas veces, para no meterse en más líos. En las calles, en los centros comerciales, las escenas de peleas verbales y físicas se han multiplicado. Igual los accidentes entre autos o con fuegos artificiales. Cada cual cree que las leyes se aplican al otro y cada cual cree que tiene la preferencia, y no solo en lo vial. Minimizar, quitar o hasta destruir al otro pareciera consigna.
Tras estos hechos, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo en la Mañanera: “Hoy una parte de la violencia está muy vinculada al exceso de uso de redes sociales y esa es la parte que hoy la sociedad mexicana, todas y todos, tenemos que atender, y poner límites a las plataformas en la promoción de este tipo de violencia y la protección de nuestros jóvenes”. Ojalá fuera tan sencillo como limitar el uso de teléfonos y redes.
Otro caso para reflexionar es el de Montemorelos, donde al parecer, según la información pericial, una mujer acabó con la vida de su pareja, sus hijos menores y luego cometió suicidio. Muchas opiniones en redes son de que “ocultan algo”, de que una mater no podría matar a sus hijos. Ojalá fuera así. Otra vez el individualismo a ultranza, la posesividad, el no ver tanto mundo que hay fuera de nosotros. Ojalá lo veamos.
Hoy, festividad de San Francisco de Asís, a un día de mis LV, me despido con su famosa oración: «Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde hay odio, que lleve yo el amor. Donde haya ofensa, el perdón. Donde haya discordia, la unión. Donde haya duda, la fe. Donde haya error, la verdad. Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría. Donde haya tinieblas, la Luz. Oh, Maestro, que no busque tanto ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, como amar. Porque es dando, que se recibe; perdonando, que se es perdonado; muriendo, que se resucita a la Vida Eterna».
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Posdata: este día estaremos de nuevo en la Feria de la Lectura y el Arte Local (Feleal) en el Museo de la Máscara. Entre otras muy buenas actividades se presenta el libro Refugios de papel. Cuentos breves para días grises y soleados, de Jaqueline Cuesta y Cuauhtli Rangel. Ojalá pasen a conocer nuestros libros y apoyen iniciativas editoriales y artesanales de Debajo del Agua y otros productores. Habrá descuentos en mis libros y firmas de ejemplares.