MALOS PRESAGIOS

Coincido con los varios colegas que advierten sobre el riesgo de irnos encaminando a una contienda electoral violenta.

Dicen algunos de ellos, y dicen bien, que la trifulca registrada el pasado fin de semana durante la visita de Gerardo Sánchez Zumaya al mercado República debe entenderse como un mal presagio y no como un hecho aislado o una mera anécdota.

Si bien el incidente no pasó de algunos empujones e insultos, lo que debe destacarse y tenerse muy en cuenta es que hay indicios sólidos de que los provocadores fueron enviados por funcionarios estatales o por el partido oficial, que para el caso es lo mismo.

En política, frecuentemente es posible saber cuándo inicia un problema. Lo que casi nunca se puede adivinar es cómo terminará. Unos se disuelven rápidamente en la intrascendencia, pero otros, y no necesariamente pocos, escalan, se endurecen, empeoran y vaya usted a saber en qué terminen.

En el contexto hay algo que llama la atención: cualquier interesado medianamente informado sabe que Sánchez Zumaya no tiene mayor futuro político. Quizá su costosa campaña de posicionamiento finalmente le reditúe una diputación federal -con su ansiado fuero-, pero no será candidato a gobernador por ningún partido o bloque opositor. Su única opción en esa expectativa es abanderar al PT, que en solitario no pasa de un dígito en intención de voto.

Digo lo anterior en base a una interpretación de hechos. Sánchez Zumaya apareció en escena hace cosa de tres años con un video muy agresivo contra el gobernador Gallardo Cardona, acusándolo de ser el mayor delincuente del estado y otras linduras por el estilo. El huasteco estaba rodeado y coucheado por destacados panistas, como los hermanos Xavier y David Azuara.

Como en su momento fue público y notorio, Sánchez Zumaya apoyó con generosidad las aspiraciones de David, quien buscó ser candidato panista a alcalde de esta capital en el 2024. El proyecto no caminó, pero el joven y próspero empresario ya había puesto pie a tierra. Encaró luego la furibunda reacción del gallardismo y se desvaneció un tiempo. Reapareció para afiliarse con bombo y platillo a Morena, donde lo recibieron con los brazos abiertos. La contraorden llegó de inmediato, sin mucho ruido se le desafilió, le cerraron puertas y le marcaron distancia.

Se le vio luego en pláticas con la dirigencia estatal de Movimiento Ciudadano. Dejó de lucir el chaleco guinda. Poco después, intentó registrarse por Morena en el proceso interno de la coalición con el Verde y el PT, pero fue rechazado por los dos primeros y solo encontró un refugio casi simbólico con este último. Dudo que lo incluyan en las encuestas definitorias. En su contra hay auténticos pesos pesados, radicados en la Ciudad de México. 

Todo esto, estoy seguro, lo sabe Gallardo Cardona. ¿Por qué entonces tanto empeño contra un rival prácticamente desahuciado? Dice una vieja expresión coloquial “¿para qué azotar un caballo muerto?”. No conozco las razones exactas, pero me resulta fácil imaginar algunas. De hecho ya las he insinuado alguna vez: Ricardo Gallardo Cardona no quiere ganar el partido en la cancha, lo quisiera ganar desde el vestidor o, si es posible, desde antes de llegar al estadio. ¿Temor a ser derrotado en buena lid?

Volviendo al punto inicial de este texto, si cualquier conato de violencia en las contiendas políticas es siempre peligroso, cuando su autoría puede ubicarse en el propio poder público, los riesgos son mucho mayores. No es lo mismo provocar hechos violentos con guijarros que con peñascos. Y sí, la zacapela del República no es anécdota, es presagio.  

Además, hay que enfatizar el encuadre: si eso está dispuesto a hacer el oficialismo contra el que probablemente sea su contrincante más inconsistente, qué les espera a los más competitivos, a los que si le pueden ganar.

Es decir, si finalmente como todo apunta, el gallardismo no consigue imponer a su esposa para ir en coalición con Morena, quien quiera que sea el o la candidata del partido guinda -por la pura inercia de la intención de voto- puede derrotar a la senadora Ruth. 

Y qué decir de Enrique Galindo, a quien desde el gobierno lo quieren ahogar financiera y operativamente, pero que dependiendo de la alianza que se forme podrá ser el verdadero enemigo a vencer para el proyecto gallardista.

Lo más claro posible: si para obstaculizar a un aspirante débil como Sánchez Zumaya se juega con fuego mandando provocadores a generar violencia, qué esperar si en la boleta aparecen Rita Ozalia, con sólido apoyo federal, por un lado y Galindo por el otro. En Palacio van a enloquecer. Lo cual es extremadamente peligroso.

No hay exageración alguna. El riesgo es mucho cuando el centro del escenario lo ocupa alguien cuya vocación de poder hace tiempo que se convirtió en obsesión.

EL MAL EJEMPLO

La semana pasada comentamos que, aunque es la principal, la candidatura a gobernador(a) no es la única que está en la mesa de negociaciones de Morena, Verde y PT. Están también los varios centenares que representan las diputaciones federales, las locales, las presidencias municipales, las regidurías y las sindicaturas.

Tan pesado desafío de acuerdos, concertaciones y equilibrios se agudiza, decíamos, por el mantra morenista de no presentar ni acompañar candidatos(as) cuestionables, sospechosos de relaciones peligrosas, misóginos o de patrimonios inexplicables. Para el caso de nuestro estado, pasamos revista de los aspirantes enlistados por el Verde que simple y sencillamente no podrán librar esa aduana.

Pero las dificultades y complejidades para lograr que Morena, con mucho la franquicia partidista más poderosa de las tres que buscan ir aliadas, acepte prestar su emblema a candidatos impresentables, no terminan ahí.

Fieles a la conseja popular de que el mal ejemplo cunde, en este momento ya son identificables varios municipios cuyos actuales alcaldes tienen sólidos proyectos nepotistas. Es decir, al grito de si Gallardo puede por qué yo no, están prestos a librar la batalla para heredarle sus cargos a esposas o hijos. Y no se trata de los municipios más pequeños. Veamos.

En Ciudad Valles, David Medina, tiene todo preparado para impulsar la candidatura de su esposa. Hombre previsor, también tiene preparado a su hijo, por si lo de la señora no prospera.

En Rioverde, Arnulfo Urbiola quiere también que sea su esposa quien lo suceda en la alcaldía. En este municipio se presenta una circunstancia curiosa. El más claro prospecto del Verde para la presidencia municipal es Oscar Bautista Villegas, mejor conocido como El Cochiloco, quien, por supuesto, no contaría el respaldo de Morena, habida cuenta su inexplicable fortuna personal y antecedentes tan negativos como su pertenencia a la Ecuación Corrupta. Para el supuesto de que no lograra su viejo sueño de gobernar Rioverde, Bautista Villegas tiene preparada a su hija para que sea ella la candidata. Por supuesto que Urbiola muere de coraje. 

Otro con afanes nepotistas descarados es el alcalde de Aquismón, Cuauhtemoc Balderas Yáñez, igualmente empeñado en dejar en su lugar a su esposa. Lo mismo ocurre con el presidente municipal de Villa de Arriaga, Salvador López Amaro, también decidido a que sea su esposa quien le reciba.

En el 2024, Morena, Verde y PT fueron juntos en treinta y tantas elecciones municipales, en 14 de las 15 diputaciones locales de mayoría y en las siete federales. No batallaron mucho en ponerse de acuerdo, porque ninguno de los tres traía normas tan rígidas en cuanto rechazo al nepotismo y a candidatos de dudosa reputación (que son muchos).

Y eso es aquí, en nuestro estado. Imagínese usted la enormidad de la tarea en todo el país. Sin duda que cada caso se procesará según sus particulares circunstancias y factores, pero se supone que en todos estarán presentes los principios éticos y el anti nepotismo de Morena.

Quienes conocen bien la manta, pronostican que el escenario más probable para nuestro estado es que Morena, Verde y PT vayan juntos únicamente en la postulación de candidatos a diputados federales, y en todo lo demás cada quien a su aire. Es decir, para la gubernatura tendríamos candidatos propios de Morena y PT; Verde, PAN posiblemente con el PRI, y MC por su lado. Falta ver qué rumbo agarran los dos nuevos partidos políticos.

COMPRIMIDOS

Uno de los rasgos más sospechosos de la administración gallardista es su horror a la transparencia. Ha hecho de la opacidad toda una causa. Todavía hace un par de años hacía malabares como las instrucciones públicas y personales del gobernador a la titular de la Seduvop y al presidente del patronato de la Feria, para que transparentaran toda la información a su cargo, pero les guiñaba el ojo y nunca han informado nada de los que se les solicita. Pues bien, en esa materia hay malas noticias para el gobierno potosino. Les cuento:

El lunes pasado la presidente Sheinbaum firmó una iniciativa de reformas legales para reducir drásticamente el margen de discrecionalidad a los entes obligados a la transparencia. Otro día, si les parece, vemos con detalle en qué consisten los cambios propuestos, pero lo cierto es que aquí el gobierno va a tener que acatarlos y con ello abandonar la trinchera de la opacidad para ocultar todas sus trapacerías. Podrá resistirse, pero enfrentará consecuencias legales. Y ya sabemos que todos los litigios importantes los pierde. Capaz que hasta nos enteramos de cuanto es la deuda publica real (con todo y la oculta o disfrazada).

No sé cómo les vaya a resultar, creo que no mal, pero me parece interesante la estrategia de crecimiento que me dicen ha decidido adoptar el nuevo partido Somos México y su dirigencia estatal. Según esto, una manera de hacer presencia pública y atraer la atención es cuestionando constantemente a la administración gallardista en lo general y al gobernador Gallardo Cardona en lo particular. Dos parecen ser las razones de semejante decisión: una, que han detectado en todos los rumbos de la entidad un alto nivel de hartazgo con el Verde y el mando político estatal, y otra, que RGC es muy malo para el debate abierto, público y constante. Pierde los estribos con facilidad, no tolera el cuestionamiento directo, tiene un vocabulario muy reducido y su bagaje cultural es un desastre.

La ecuación es muy difícil de digerir. Sucede en diversas latitudes del país, pero últimamente nos ha tocado presenciarla de cerca: millones de litros de huachicol, miles de medios de transporte -desde barcos hasta pipas y ferrotanques-, y ni un infeliz detenido. Los involucrados son magos o tienen autoridades bien maiceadas.

Hasta el próximo jueves.