“Los problemas básicos que encaran
hoy el mundo no son susceptibles de una solución militar."
John F. Kennedy.
Hace trece años según informes de inteligencia militar, estimaban que más del 60% de los policías de México, tanto municipales, estatales, ministeriales y federales habían sido cooptados por el crimen organizado.
Inclusive proporcionaban datos de las cantidades de soborno que recibían, mismas que oscilaban desde cinco mil pesos hasta setenta mil de acuerdo al rango y jerarquía.
En esos tiempos existían en el país mil ciento sesenta y un corporaciones de policía en los tres niveles de gobierno, con una fuerza más menos de cuatrocientos cincuenta y cinco mil elementos con un poder de fuego de casi tres millones de armas en sus manos y se decía que al menos un 57% de ellas eran usadas en actos ilícitos. Un universo de policías de un 70% no era apto para la función policía, según datos del Centro Nacional de Certificación y Acreditación.
Así, en ese entonces las policías y ¿Actualmente como están las fuerzas armadas en el mismo tema de colusión con el crimen organizado?
Pues para ello, cuentan con un “Manual Antiseducción”, para librarse del poder del narco y no caer rendidos, seducidos o enamorados por el patrón o la patrona del mal.
Desde la época del expresidente Ernesto Zedillo con la detención del General Gutiérrez Rebollo y posteriormente en el sexenio de Felipe Calderón, se había encendidos focos rojos respecto a la moral y ética de las fuerzas armadas en su “lucha” contra el narcotráfico.
Generales de la vieja guardia veían como se estaba pudriendo desde sus entrañas la milicia, generales de la antigüedad del entonces Secretario de la Defensa Guillermo Galván pusieron manos a la obra. Con cursos y diplomados que encendiera otra vez la mística de servicio militar: “Valores y Virtudes Militares, Liderazgo Militar, Cultura Ética, Mando y Liderazgo, Compendios de Mando y Liderazgo en Adiestramiento y Operaciones Militares”.
Por eso actualmente, el Ejército Mexicano retoma y lanza una serie de normas para impedir que sus soldados sean reclutados por el poder del narco, inclusive, les sugiere no relacionarse de manera sentimental con mujeres que vivan en zonas de conflicto o en guerra, a saber que la carne es trémula. Once normas, una de ellas, de “Ripley” que al calor del enamoramiento en un noviazgo con una mujer en zonas con alta presencia del crimen organizado, podría ocasionar una fuga de información. También, los militares deben abstenerse de recibir obsequios, así como favores de autoridades y empresas.
El manual los alerta sobre el uso de medios de comunicación que puedan ser fácilmente intervenidos por el narco; asimismo, prohíbe el uso de vehículos particulares en puestos de control y de vigilancia, bases operativas, puntos de revisión en carreteras y otros servicios, para evitar que sean detectados en sus francos.
No deben los militares dejarse tentar por las drogas, o sea, no se conviertan en marihuanos ni cocainómanos, porque de ello depende el éxito de los operativos contra el narcotráfico.
Sugiere el manual, hacer rotaciones y relevos del personal desplegado en operaciones tácticas contra el narcotráfico. Una norma del manual es también de “Ripley”, no se queden con el botín de guerra, más bien dicho, no hay botín de guerra, deberán entregar todos los botines asegurados a las autoridades ministeriales correspondientes, (enervantes, vehículos, armas, cartuchos, dinero, joyas y bienes muebles o inmuebles).
TAPANCO: Hoy, aún no saben que antídoto podrá vacunarlos contra el poder corruptor infeccioso del crimen organizado: “Documentos hackeados a la SEDENA revelan que un proveedor de armas para un grupo criminal tenía su base de operaciones en el Campo Militar 1 de la Ciudad de México, y otro cerca del octavo regimiento en Almoloya; vendían granadas en 26 mil pesos y los delincuentes hacían pedidos de miles de municiones.