Manual de instrucciones

[googlepdf url="https://blobcore.pulsoslp.com.mx/uploads/2018/08/B07-3.pdf" ]Todas las elecciones dejan lecciones; imparten enseñanzas y ofrecen orientación. Las últimas no son la excepción; al contrario, dada su magnitud y resultados son ricas en calidad didáctica. Los saldos electorales tanto a nivel nacional como local vienen a ser un auténtico manual de instrucciones sobre qué hacer y qué no hacer para concluir un gobierno en condiciones que no sean desastrosas. En estas tierras, ese instructivo tiene un claro destinatario: Juan Manuel Carreras López, gobernador. Si lo ignora, que es su potestad, seguramente será porque tiene ambición de ruina (J.Villoro dixit).

Un enfoque práctico y simplificado del tema sería que de lo que se trata es de evitar un cierre sexenal semejante al del presidente Enrique Peña Nieto: niveles históricamente altos de desaprobación popular, derrota aplastante en las urnas de su partido y del candidato escogido por él para sucederlo; fuertes sospechas de corrupción personal (de la de sus colaboradores no hay duda); poco decorosa etapa final prácticamente a las órdenes de su sucesor, y una terrible incertidumbre sobre su futuro personal, que puede oscilar entre un retiro confortable, un duro autoexilio o los tribunales.

El paralelismo entre los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Juan Manuel Carreras es impresionante, en lo bueno y lo malo. En esa perspectiva, si JMC no aprende las enseñanzas del 1 de julio, si no atiende al manual de instrucciones que le llegó, indudablemente que en tres años estará poniendo fin a su administración en términos muy similares, si no es que idénticos, a como lo está haciendo hoy EPN.

No hay hipérbole alguna. A lo largo de su sexenio, Peña Nieto toleró y solapó la corrupción rampante que desde el principio se hizo presente en su gobierno, igual que Carreras; su “corazón de pollo” (aquí Jano Segovia le puso otro nombre) lo llevó a sostener en sus cargos a colaboradores incompetentes (algunos además deshonestos), igual que Carreras; su estrategia original para abatir la inseguridad fracasó y nunca encontró el remedio, igual que Carreras; abusó de su condición de jefe real de su partido y le impuso decisiones de resultados calamitosos, igual que Carreras, y desplegó en sus seis años una política de comunicación social verdaderamente desastrosa, igual que Carreras.

Ha sido evidente el conmovedor empeño de Peña Nieto por escudarse en las reformas estructurales del Pacto por México, con magros resultados en el bienestar popular y a estas alturas ya muy cuestionadas, con varias de ellas en vías de ser echadas al cesto de la basura por el gobierno lopezobradorista. Algo que, en todo caso, Carreras ni siquiera intentó.

A manera de realización sexenal, EPN ha esgrimido también la alta inversión extranjera y la creación record de nuevos empleos. Todavía la noche del martes en la amplia entrevista que le hizo Denise Maerker el Presidente resaltó ambos datos. JMC puede presumir, y con razón, exactamente de lo mismo: nuevas e importantes inversiones (aunque se haya ido la Ford) y una alta generación de empleos. Los resultados de las pasadas elecciones dejan muy en claro que la insatisfacción de los ciudadanos, tanto a nivel nacional como local, poco tenían que ver con los rubros económicos, y que el castigo impuesto en las urnas fue por las otras razones: corrupción, inseguridad, pobreza y desigualdad, ineficacia e insensibilidad.

Con todo, entre Peña Nieto y Carreras hay una diferencia clave que juega a favor del mandatario potosino: al Presidente le quedan escasos tres meses de ejercicio, en los que ya no le alcanza a modificar nada, en tanto que al Gobernador le quedan tres años para recomponer las cosas, enderezar lo torcido y cerrar en condiciones menos deplorables. No hay en el panorama político estatal nada que le impida hacerlo. Incluso, lo que para Carreras representaba una adversidad política importante –el gallardismo- hoy va de salida.

Si Juan Manuel Carreras no aprovecha que aún dentro del desastre electoral se acomodaron circunstancias para que pueda concluir su mandato en condiciones decorosas; si no tiene ni un gramo de autoestima, si ha enceguecido al extremo de no ver el elefante que tiene en su cocina, puede seguir igual que hasta ahora. Es su destino el que está en juego.

QUE SÍ, QUE NO, QUE QUIÉN SABE

Como oportunamente dimos cuenta de ello, hace cosa de un mes en los altos círculos gubernamentales se daba por hecho que en las vísperas de su Tercer Informe de Gobierno (previsto para el 21 de septiembre próximo) el gobernador Carreras haría cambios importantes en su equipo de trabajo, que incluso ya tenía decidido cuáles y que él personalmente lo había comentado en distintos momentos. La versión había que tomarla con el mayor escepticismo porque exactamente lo mismo se manejó hace un año sin que pasara nada.

Más recientemente, las mismas fuentes que por lo general están bien enteradas, comenzaron a comentar que no, que siempre no; que el titular del Ejecutivo había mudado de parecer y que cualquier cambio de relevancia lo dejaría para finales del año, luego de que Andrés Manuel López Obrador hubiera asumido la Presidencia de la República.

Esto, nos dicen, porque pudiera ser que la nueva administración federal introduzca cambios que aconsejen u obliguen a los gobiernos estatales a hacer adecuaciones; por lo que parece sensato dejar pasar esos dos meses más y en todo caso hacer las modificaciones en un solo paquete que incluya las de iniciativa propia y las de acompasamiento con la federación.

A mayor abundamiento, quienes tienen acceso a los despachos principales de Palacio de Gobierno y Casa San Luis coinciden en que más allá de los indispensables cambios en su equipo para cumplir con eficacia sus responsabilidades, Juan Manuel Carreras tiene como principal y más urgente prioridad “sintonizar” con el estilo de gobierno lopezobradorista, en razón de lo cual se prepara para tomar una serie de medidas, sobre todo de austeridad, en las próximas semanas.

Se habla, por ejemplo, de reducir al mínimo si no es que de suprimir totalmente el uso del avión oficial; de ajustar a la baja los sueldos de directores generales para arriba, incluido el del Gobernador, para estar dentro de los parámetros del nuevo gobierno federal; de cancelar los seguros de gastos médicos mayores de que disfruta la alta burocracia estatal, de racionalizar consumos como los de combustibles, telefonía móvil, boletos de avión, etcétera.

No está mal, tiene sentido político. En todo caso, lo deseable es que no se agoten ahí los vientos del cambio, que no sean medidas miopes, equívocas o de corto alcance. Nadie duda que entre los muchos mensajes que el electorado dejó en las urnas en julio pasado hay varios que son de rechazo abierto a los excesos en el gasto público, pero sería un grave error pensar que son los más importantes.

Los votantes dejaron en claro que castigaron severamente al PRI, al PAN y al PRD no por dispendiosos sino por corruptos, ineficientes, arrogantes y cretinos.

En todo caso, si es cierto que la mayor preocupación del gobernador Carreras en estos días es acoplarse a los nuevos modos de gobernar que se avecinan, podría simplificarse las cosas y hacer suya la frase que Andrés Manuel López Obrador pronunció el pasado lunes 30 de julio, desde las escalinatas de su Casa de Transición, ante los periodistas: “No voy a ser tapadera ni alcahuete de nadie”, dijo.

El día que, con verdad, Juan Manuel Carreras nos diga eso mismo a sus gobernados y deje de traer sobre la espalda esa enorme loza donde aparecen inscritos los nombres de Fernando Toranzo, Cándido Ochoa, María Luisa Ramos Segura, Rodolfo Ramos Segura, Chagoya, César García Coronado, Jesús Alfonso Medina Salazar, Adrián Vázquez, Enrique Flores Flores, Mariano Niño, Oscar Bautista, Manuel Barrera, J. Guadalupe Torres Sánchez, Rebeca Guevara Terán, Fernando Barrera Guillén, Elías Navarro, Nora Hilda Sánchez de Sánchez; desayunos DIF, Trama Panavi, Ecuación Corrupta, Cena Fantasma, Patronato FeNapo, Tribunal Estatal de Justicia Administrativa, etcétera, etcétera, ese día, brillará de nuevo el sol en San Luis.

COMPRIMIDOS

• Ricardo Gallardo Cardona ha vuelto a cometer un error táctico. Al buscar/aceptar la coordinación de la bancada del PRD en la Cámara de Diputados parecería haber olvidado que cuando se atraen los reflectores éstos iluminan por igual lo bueno y lo malo. Por lo demás, coordinar doce meses una bancada de 20 legisladores –séptima en tamaño- no es precisamente un campeonato mundial, aunque tampoco un chicle masticado. Quizá con mayor astucia hubiera sido preferible el segundo año, pues las posibilidades de deserciones se acentúan en el primero y en el tercero. RGC despertará diariamente con la angustia de ver si no se le ha ido ninguno de sus coordinados.

• El jueves pasado, cuando hablamos de que “la mayoría” de los diputados locales habían vuelto a utilizar facturas apócrifas para justificar los 75 mil pesos por cabeza que recibieron para sus informes de labores y preguntamos ¿Qué informaron, cuándo y en dónde?, el diputado Héctor Mendizábal nos envió por WhatsApp, cuando apenas amanecía, un listado de 10 cabeceras municipales bajo el rubro “Informe 2016” y otro de 12 correspondientes a “Informe 2017”, junto con una colección de casi 100 fotografías en todas las cuales aparece él con distintos grupos. Tomo debida nota, y si don Héctor no fuera tan geniudo yo le habría contestado, como en el chiste del borrachito en la cantina: “nomás pásese de este lado mi diputado”.

• Luego, a propósito del comentario en la misma columna en el sentido de que la Comisión de Vigilancia que él preside quería aprobar antes de irse las cuentas públicas del 2017, no obstante que la ley permite a la ASE entregar los informes correspondientes hasta el 30 de octubre, Mendizábal me envió el siguiente mensaje de texto: “y de los informes 2017, para que no invente dígales que por mí ni los envíen”. No tendría yo inconveniente en hacerla de recadero, pero no me quedó claro a quien tengo que llevarle el recado. En todo caso, lo que me extraña es que con tanta enjundia HM no lo haya declarado ya públicamente para que tenga efecto.

• Por cierto, una vez elegido Héctor Vicente Mayorga como primer titular de la Unidad de Evaluación y Control de la ASE –que probablemente la siguiente legislatura desaparezca- de inmediato le asignaron una plantilla de seis personas, cada una de las cuales fue impuesta por cada uno de los seis integrantes de la Comisión de Vigilancia (María Graciela Gaitán, Gerardo Limón Montelongo, Esther Angélica Martínez Cárdenas, Guillermina Morquecho Pazzi, Jesús Cardona Mireles y Mariano Niño). Cuando pregunté por qué su presidente Héctor Mendizábal no había colocado a nadie rápido me respondieron “¿Cómo que a nadie? ¡él puso a Mayorga!”

• Mucha suerte y gran éxito le deseamos a nuestro amigo Enrique Galindo Ceballos en su aventura mediática.

Hasta el próximo jueves.