La noche del jueves 26 de marzo, Nueva Caledonia y Jamaica disputaron la semifinal del repechaje intercontinental de la FIFA en el Estadio Akron de Guadalajara; teóricamente un evento con poca relevancia para México.
Nueva Caledonia, un territorio de ultramar francés, en el pacifico, el cual ha tenido sus complicaciones con el ex-imperio, es una pequeña nación de menos de 300,000 habitantes. Jamaica, por su parte, la famosa isla del caribe, emblema de todo lo relacionado a la historia y la cultura de lo afro-caribeño. Ambos son países muy interesantes, pero en temas de fútbol, ninguno se podría definir como un parteaguas. Jamaica anda por ahí de posición #70 del ranking de la FIFA, Nueva Caledonia tira por la #150. Viéndolo del punto de vista de jugadores reconocidos, Jamaica tiene pocos, a pesar de ser rival de México en temas de la CONCACAF; Nueva Caledonio por su parte cuenta con cero jugadores que uno podría identificar en la calle; es más, su jugador totem, Bertrand Kaï, tiene 42 años y representa su club natal Hienghène Sport en el territorio. Si no fuera por el logro de Nueva Caledonia en llegar al repechaje intercontinental, no sabríamos nada de sus atletas.
Así llegaron ambos países al repechaje en Guadalajara, dos equipos con poco auge, en un estadio que posee una capacidad de carga brutal de casi 50,000 espectadores, con instalaciones de vanguardia. La preocupación colectiva era que fuera un partido sin interés local, en parte por el contexto y los equipos, y además por los sucesos en la ciudad de las últimas semanas, relacionados a los narcobloqueos, quema de vehículos y enfrentamientos en Jalisco después de la muerte de Nemesio Oseguera.
Las preocupaciones fueron equivocadas. El estadio no alcanzó su máxima capacidad, pero sí se llenó bastante, y lo que es más importante : se sintió lleno. Lleno de alegría y entusiasmo, agarró cuerpo físico. Al parecer, los aficionados llegaron entendiendo que esto no solo sería un partido (otro partido) sino que entendían que este era un evento con aspectos claves, que requerirían la presencia, aporte, y entusiasmo de estos mismos aficionados.
Los fanáticos entendieron que las represalias del cartel no les representaba a ellos, y que para demostrarlo tenían que asistir al partido y cambiar la narrativa. Y en segundo lugar, entendieron que los ojos del mundo estaban nuevamente sobre Guadalajara, y que no se podía reprobar el examen de nuevo, esta era la última oportunidad. Y no solo para Guadalajara, sino para México en su totalidad. Porque a la vez había otro partido en Monterrey (Bolivia contra Suriname), pero Monterrey no había llegado a los noticieros internacionales. Así que, en este instante, Guadalajara significaba México: la ciudad Jalisciense se tomaba como representante de todo el país.
Y así se fue llenando el Estado Akron, poco a poco, hasta que los espacios vacíos no se apreciaban, y el público empezó a reaccionar al partido como si hubiera sido un encuentro de gran importancia ; el público reaccionó no a lo que veían en la cancha, sino al contexto de interés internacional. Fue una reacción colectiva de gran inteligencia emocional, que dejó en el olvido lo sucedido antes, y nos dejó sonando en el porvenir: en el mundial, en el fútbol, en la esperanza y el sueño colectivo; un sueño que no se trata exclusivamente del avance de la selección, sino de la presentación de Mexico, lo que es y lo que significa este lugar ante la audiencia más grande del mundo.
Muchas veces pensamos que el fútbol existe en aislamiento de la sociedad, pero aquí, en este olvidable partido, el fútbol mostró que puede servir como una herramienta. Se habla mucho de que el deporte sea inclusivo, y en muchos sentidos lo entendemos como un tema de acceso, lo cual lo es, sin duda. Pero igual esa inclusividad nos da la oportunidad de ser una voz colectiva.
Así fue. Así revivió Guadalajara, con un sencillo partido de fútbol, alumbrando camino, recordándonos las grandes posibilidades que trae el mundial. Sin duda son posibilidades mediáticas, pero además sociales, culturales y económicas. Así arrancó el mundial en esta tierra, y así México superó la prueba existencial de inicio. Ahora a lo que viene.
Jon Bonfiglio radica en el norte de México y es Corresponsal
de América Latina, cubriendo la zona para varias fuentes
internacionales, incluyendo Times Radio en Reino Unido, la emisora
nacional ABC en Australia, LBC en Londres, entre otros. Bonfiglio
también presenta el podcast ‘World Cup ETC’ y habla sobre el fútbol
mexicano para TalkSport en Reino Unido.