Miedo endémico

En su pintura “El Sacamuelas”, del año 1635, el pintor neerlandés Gerrit Dou describe vívidamente a un paciente en el consultorio de un cirujano dental del siglo XVII. El paciente se encuentra sentado en una silla ordinaria en evidente estado de tensión: con una pierna extendida y la otra flexionada, con los puños cerrados y con la cabeza echada para atrás, y con la boca abierta y el cirujano dental en plena faena. La técnica de claroscuros empleada por Dou, contribuye a trasmitir al espectador los malos momentos por los que está pasando el paciente.  

La escena retratada por Dou no es muy diferente de la que podríamos contemplar hoy en día en el consultorio de un dentista. Habría, no obstante, una diferencia importante: mientras que en la actualidad la profesión de odontólogo está formalmente establecida, en el siglo XVII el trabajo lo hacían los barberos o charlatanes sin mayor preparación, de modo que la experiencia podría haber resultado traumática. A esto se suma que la operación se hacía sin anestesia. 

Ciertamente, la anestesia hizo soportables las operaciones dentales; pero, aun así, los consultorios dentales están lejos de ser los lugares más populares del mundo.  Así, el miedo que nos causa visitar el consultorio dental inspiró al director de cine Woody Allen a escribir el relato “Si los impresionistas hubieran sido odontólogos”, en el que imagina que Vincent Van Gogh –al igual que otros pintores impresionistas– trabaja como odontólogo e intenta imponer criterios artísticos a sus trabajos dentales. Pedimos a Chat GPT que hiciera una crítica del relato de Allen y, entre otros conceptos, expresó: “La idea central –imaginar a los impresionistas como odontólogos– podría parecer simplemente un chiste extendido, pero funciona porque Allen entiende muy bien dos cosas: el aura casi sagrada del arte moderno y el miedo universal al dentista”.

Por lo demás, sabemos que las intervenciones dentales se han llevado a cabo desde tiempo inmemorial, con todo y lo dolorosas que tendrían que haber sido y el miedo que deberían haber causado. Y ahora sabemos algo todavía más sorprendente: las operaciones dentales fueron practicadas incluso por los neandertales, una especie diferente a la nuestra, hace 59,000 años. Esto, de acuerdo a un artículo aparecido el pasado 13 de mayo en la revista PLOS ONE, publicado por un grupo de investigadores encabezado por Alisa Zubova, de la Academia Rusa de Ciencias en San Petersburgo,

De acuerdo con Zubova y colaboradores: “El conocimiento médico de los neandertales ha suscitado un gran interés académico. La evidencia sugiere que cuidaban a los miembros enfermos, heridos y ancianos del grupo, posiblemente mediante el uso de

plantas medicinales. Sin embargo, aún se desconoce si estas prácticas reflejan

estrategias médicas deliberadas o una automedicación instintiva similar a la observada en primates no humanos”. 

Para arrojar luz en esta dirección, Zubova y colaboradores llevaron a cabo un estudio exhaustivo con un diente molar neandertal con una antigüedad de 59,000 años, hallado en la cueva Chagyrskaya en los montes Altái, en el suroeste de Siberia. La corona del diente presenta un orificio profundo que llega hasta la pulpa. Los investigadores se propusieron determinar si el origen de este orificio es artificial y si fue practicado con algún propósito médico. Encuentran que el orificio en la corona del diente fue producido de manera intencional, raspando y perforando el material por medio de herramientas de piedra, para remover lesiones producidas por caries dental.  

Concluyen Zubova y colaboradores: “Este estudio aporta pruebas contundentes del primer caso documentado de intervención invasiva en caries dental en la historia evolutiva humana, realizada por los neandertales hace aproximadamente 59,000 años... Este hallazgo representa una intervención terapéutica deliberada, más allá de los cuidados paliativos... La destreza técnica requerida para este procedimiento –que incluye manipulación digital precisa, aplicación controlada de fuerza y tolerancia a las molestias del mismo– demuestra capacidades cognitivas y sensoriomotoras avanzadas. Refleja una capacidad de razonamiento causal, planificación anticipatoria y resistencia voluntaria, lo que contradice suposiciones previas sobre las limitaciones conductuales de los neandertales”. 

Podemos imaginar la escena hace 59,000 años: un neandertal con un diente careado sufre de dolores intensos y accede a ser operado por un cirujano dental, sin anestesia y con herramientas primitivas. Asume que el dolor aún más intenso que le producirá la operación será en su beneficio futuro. Y, afortunadamente, las evidencias son en el sentido que la operación fue un éxito y el molar recuperó su función. 

Igualmente, podemos imaginar con seguridad que los neandertales le temían al sillón del dentista –o a su equivalente neandertal–. Y también que, de haber evolucionado como nosotros lo hicimos y desarrollado una pintura impresionista, un Woody Allen neandertal hubiera imaginado un relato de odontólogos con criterios impresionistas. Desafortunadamente para ellos, se extinguieron en el camino.