Una de esas oportunidades que nos da la vida para ser felices es cuando nuestro camino se cruza con el de otra persona para convertirse en uno solo; navegar no nada más en la misma dirección, sino en el mismo barco; volar hacia el mismo punto del horizonte.
Tuve esa oportunidad cuando Mine aceptó que esta vida se convirtiera en una aventura compartida y nos casamos. No alcanzarían las páginas de un grueso libro para escribir lo que ha sido mi vida con ella; no habría palabras que pudieran expresar en toda la extensión necesaria para comprenderse en su justa medida la experiencia de ser su compañero de viaje.
Avanzaba la década de los noventas cuando nos conocimos. A partir de ahí, amigos, novios, esposos, padres; etapas de nuestro ayer que nos llega hasta el presente, a nuestro hoy y ahora, en el que nuestros hijos forman, con nosotros, un compacto y sólido núcleo familiar. Para ella, la familia es fundamental y, me consta, llevó sin duda el saber ser hija hasta límites impensables, tanto como sabe ser madre y esposa.
Anécdotas, vivencias, experiencias, todo viene a la mente en este momento de manera atropellada y en desorden, porque siempre un recuerdo nos lleva a otro, a otro y a otro, en una interminable cadena de recuento de la existencia en la que siempre su calidez, su joie de vivre, su espontaneidad está presente.
Quienes la conocen no me dejarán mentir: solidaria como pocos, entregada a las causas justas como nadie, sabe el verdadero sentido de la amistad, de lo que es arrimar el hombro a quien necesite donde llorar y tener la risa espontánea y sincera para quien quiera reír. Se sabe dar a querer y sabe querer desinteresadamente. Conoce la palabra precisa y la mano firme que ayuda a sobrellevar la tristeza y tiene la ocurrencia que arranca la sonrisa que la destierra.
Pocas cosas le gustan más que la navidad, con todo lo que implica el decorar la casa, el árbol y las luces, pasión que es recurrente con el día de San Valentín, con Halloween o con cualquier otra fecha que implique que las ventanas, los espejos, las escaleras, los muros, las puertas, todo, pierda la seriedad por un tiempo, solo lo necesario para pasar a la siguiente festividad.
Es selectiva en la lectura, en los programas de televisión, en las películas o en la música, porque no lo hace por obligación o compromiso; lee lo que le gusta y nada más lo que le gusta, al igual que deja saber su opinión, clara y cruda, sobre lo que me gusta a mi ver o escuchar, pues tenemos una preferencia distante en música y, más que nada, francamente contraria en cuanto a televisión se refiere. Eso es una de las tantas cosas que me gustan de ella.
Es una persona que sabe conmoverse con la ternura, con el sentimiento, con el amor; que comparte la tristeza y la siente como propia cuando a quien quiere le asalta el desasosiego y el lamento; sabe indignarse ante lo injusto y enojarse ante el abuso; sabe lo que quiere, sabe a quien quiere y sabe demostrarlo. El silencio disimulador no es lo suyo, pues su franqueza brota como un manantial imparable.
Enfrenta los retos con pasión y con empeño; no hay empresa que no sepa abordar con el ánimo y la templanza de salir adelante; sabe dedicarse, y lo hace, cuando busca avanzar y aprender, porque nunca ha dejado de tener la inquietud de saber más. Hoy estudia asiduamente, a punto de concluir el programa, como conocer a las personas a través de su escritura; nunca nada mejor para quien gusta de tratar con la gente, de saber de ella, igual que como Mine se da a conocer, franca y abiertamente. Por eso, cuando la naturaleza humana se muestra en sus peores facetas, con la hipocresía y la maledicencia de personas que la han herido, ha sabido olvidar y perdonar, pues siempre ha tenido claro que, por encima de todo, está el ser feliz, con todo y con todos. La vida es corta para desperdiciarla con el rencor.
Todo esto es ella, todo esto es Mine, que hoy cumpleaños y es, con mucho, su fecha favorita. Felicidades mi amor.
@jchessal