Mirador

Naufragó el barco.

Un marinero logró asirse a un madero, y al cabo de varios días las olas lo arrojaron a la playa de una isla.

Temeroso de que el lugar estuviera habitado por salvajes el náufrago se ocultó entre unos arbustos.

En eso oyó una voz de hombre:

-¡Maldito bastardo! ¡Estás haciendo trampas en el juego, hijo de puta! ¡Pero vas a conocer el filo de mi puñal, canalla! ¡Te sacaré las tripas y haré que te las comas, malnacido! ¡Luego te colgaré de un árbol para que te devoren las aves carroñeras! ¡De mí nadie se burla, borracho miserable!

El náufrago escuchó aquello y alzó los brazos al cielo.

-¡Alabado sea el Señor! -clamó feliz-. ¡Estoy en un país cristiano!

¡Hasta mañana!...