Mirador

En la vieja casona del Potrero no dejamos que la sequía de la tierra se vuelva sequía de las almas. Por eso seguimos convocando a las tertulias de la noche. Ahí una copita de mezcal ranchero pone su espíritu en la conversación. 

Don Abundio, el viejo mayordomo, relata anécdotas de doña Rosa, su mujer.

-El cura le preguntó si murmuraba acerca de su prójimo. Respondió ella: “¿Pos de quién más puedo murmurar?”. Luego le preguntó de dónde sacaba sus chismes. Le dijo Rosa: “Los invento, padre. Pero casi siempre salen ciertos”.

Doña Rosa se molesta. Dice:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura el signo de la cruz con los dedos índice y pulgar, se lo lleva a los labios y jura:

-Por ésta.

¡Hasta mañana!...