“Muchos hombres deben su éxito a su primera esposa, y su segunda esposa a su éxito”.
La frase es atribuida a Jim Backus, el actor que hizo el papel de padre de James Dean en la película “Rebelde sin causa”.
Esa frase es algo más que una ingeniosidad. Describe la naturaleza poco humana de algunos hombres que se olvidan de los sacrificios que por ellos hizo la esposa de su juventud, y que cuando llegan a tener fama o fortuna la hacen a un lado para tomar otra mujer, casi siempre bastante más joven que ellos.
Con ese tema se podrían contar muchas historias, semejantes unas a otras. Es el relato, mil veces repetido, de la ingratitud del hombre. No digo que la mujer no incurra en culpas semejantes. El sexo de la persona no influye en su bondad ni en su maldad. Me limito a decir que la ingratitud debería figurar en la lista de los pecados capitales, al lado de le envidia y la soberbia.
Hay quienes todos los días dan gracias a Dios, pero se olvidan de dar gracias a su prójimo.
De los ingratos -y de las ingratas- líbranos, Señor.
¡Hasta mañana!...