En el rancho del Potrero se anuncia ya la llegada de la primavera. A los manzanos, los ciruelos, los perales y los durazneros les aconsejo, sin embargo, que no saquen todavía las galas de sus frondas y sus flores. Una helada tardía se las puede marchitar. Esperen a que el nogal verdezca. Es el más sabio de los árboles, y conoce cuándo ya no hay peligro de que venga el frío.
En la antigua casona se alarga la tertulia de la noche. La conversación es tan sabrosa como fue la cena, y nadie quiere interrumpirla. Don Abundio habla de su mujer:
-Antes de casarse conmigo se dedicaba al oficio más antiguo del mundo.
Se produce un silencio estupefacto. El socarrón viejo continúa:
-Era pizcadora de manzana, como Eva.
Todos reímos, menos doña Rosa. Masculla con enojo:
-Viejo hablador.
Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:
-Por ésta.
¡Hasta mañana!...