John Dee no buscaba la piedra filosofal, pero halló por azar esa sustancia taumatúrgica a cuyo toque todo se convierte en oro.
¿Qué hizo el filósofo con ella? Su puso cuidadosamente unos gruesos guantes de estameña; envolvió la piedra en pesados lienzos que ató luego con cadenas, y desde una barca la arrojó al mar.
A nadie dijo de su hallazgo, ni de lo que había hecho con él. Volvió a sus libros, a su música, a su ajedrez, a sus aparatos de astronomía. Poco tiempo después conoció a una bella aldeana de torneado cuerpo, ojos azules y doradas crenchas, y la desposó. Con los años vinieron los hijos y los nietos.
El pasar de John Dee era modesto, pero decía él: “Soy rico, no por tener mucho dinero, sino porque tengo muy pocas necesidades qué satisfacer”. Y añadía: “Mi esposa es la mejor piedra filosofal: todo lo convierte en amor”.
¡Hasta mañana!...