Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche levanta la primera y dice:
-Nunc bibamus.
Eso, en latín, quiere decir: “Y ahora bebamos”.
Continúa:
-Es una pena que te llames Armando. Debiste haberte llamado Juan, o Luis.
-¿Por qué? -le pregunto extrañado.
Responde:
-Los antiguos romanos acostumbraban bibere nomen alicujus, beber el nombre de alguien; o sea tomarse tantas copas como letras tuviera el nombre del compañero de mesa. Tu nombre tiene siete letras, y siete copas son muchas a mis años.
-Bebamos cuatro -le propongo-. Las otras tres me las quedas a deber.
¡Hasta mañana!...