Mirador

De esto hace muchos años. 

Caminaba yo por la Quinta Avenida, en Nueva York, cuando vi que ante la puerta de un edificio se había formado una larga fila de personas. Con la curiosidad propia de un viajero me acerqué a ver de qué se trataba. Un hombre joven me entregó una fotografía de mujer y me indicó que me formara al final de la fila.

Lo hice. Cuando llegué  a donde estaba la mujer ella puso su firma en la fotografía: Marlene Dietrich.

No era ya, desde luego, la misma vampiresa que filmó “El Ángel Azul”, pero a sus años conservaba la majestad de una diva, y mostraba todavía los rasgos de su belleza, y su esbeltez.

Percibí entonces el misterio de lo que se ha llamado “el eterno femenino”. 

Todo lo femenino es un misterio.

Un eterno misterio.

¡Hasta mañana!...