Mirador

Soy inquilino permanente de la duda.

Eso no me preocupa: de la duda surge más conocimiento que de la certidumbre. El que duda busca; el que se instala en la certeza deja de buscar. La duda mueve; el dogma paraliza.

Un tío mío, hermano de mi madre, llamaba “doña Cláusula” a su suegra. Sucede que la señora les prestó un piano a él y a su esposa, que quería aprender a tocar el instrumento.

-Pero el piano tiene cláusula -les avisó-. Al término de un año me lo devolverán.

De ahí lo de doña Cláusula. 

También mi pensamiento tiene cláusula. 

El pensamiento es para pensar, y nadie puede ponerle límites. Reclamo por tanto la libertad de expresar libremente mi pensamiento. Eso no es dádiva concedida por una ley o un gobierno. Es un derecho natural inherente a la persona humana. 

Permítanme entonces presentarme. 

Soy don Cláusula.

¡Hasta mañana!...