Mirador

Las nubes pasan como pasa el hombre.

El hombre pasa como pasan las nubes.

Ambos, nubes y hombre, son seres pasajeros.

Un viento los trae y otro se los lleva.

Las nubes tienen una ventaja sobre el hombre.

Ellas no filosofan.

No se quejan por ser pasajeras.

El hombre, en cambio, quisiera ser inmortal.

No sabe el necio que los dioses lo envidian: la inmortalidad es muy aburrida.  

El que es eterno nunca sabe qué hacer con tanta eternidad.

Demos gracias, entonces, por ser como las nubes.

Ellas dan gracias por no ser como los hombres.

¡Hasta mañana!...