Mirador

San Virila vio en el camino de la aldea a un niño que lloraba porque su gatito había subido a un árbol y no podía bajar.

El pequeño le pidió al frailecito:

-Haz un milagro.

Preguntó él:

-¿Qué clase de milagro quieres?

Respondió el niño:

-Puedes hacer que el árbol incline sus ramas hasta el suelo para que mi gatito pueda bajar, o tender una escala de luz para que por ella baje. 

-Nada de eso es necesario -le dijo San Virila. Y así diciendo lo ayudó a subir al árbol. 

Trepó el chiquillo, alcanzó al gatito y bajó junto con él.

-¡Caramba! -le dijo San Virila alegremente-. ¡Qué gran milagro hiciste!

¡Hasta mañana!...