Mirador

¡Cómo truena el trueno!

Su fragor baja de la montaña y estremece el valle.

¿Recuerdas, Terry, amado perro mío, cómo me mirabas cuando la tempestad sonaba y resonaba? Volvías hacia mí los ojos para preguntarme qué estaba sucediendo. Pienso que pensabas que se iba a acabar el mundo.

El mundo no se acaba, Terry. Mira: hace un mes vino mi bisnieto trayendo la promesa de Dios de que la vida va a seguir. Y de tu lado andan por ahí decenas -quizá centenas- de descendientes tuyos cuya existencia también da testimonio de esa garantía.

Deja que el trueno truene, Terry. Óyelo como si estuvieras oyendo música de Wagner. La tormenta se irá -siempre se ha ido-, y saldrá luego el sol. Entonces tú y yo escucharemos música de Mozart.

¡Hasta mañana!...