Mirador

Antes de que cante el gallo canta él.

Madruga siempre, y ni siquiera sabe que se llama pájaro madrugador.

Bien puesto está su nombre: primero sale el ave y luego sale el sol. Quizá supone que si no sale ella el sol no brillará.

Yo quiero a este pájaro. Me anuncia un nuevo día, lo cual es como darme una esperanza nueva. Con su canto se despierta el mundo; el paisaje vuelve a ser.  He llegado a pensar que si el pájaro madrugador no madrugara se detendría el tiempo, y a lo mejor quedaría suspendido yo.

Ahora miro a esta ave en cuyo gris plumaje se insinúa apenas un amarillo leve. Le agradezco que con su vuelo haga que la noche acabe y que principie el día.

El pájaro madrugador se ha posado en la más alta rama del alto álamo. ¿Llegará hasta él mi acción de gracias? 

¡Hasta mañana!...