Mirador

Un hombre se puso a construir un puente en el desierto.

Le decían todos:

-Estás loco. Los puentes son para cruzar los ríos, y en el desierto no hay ríos.

El hombre no hacía caso. Seguía trabajando; trabajaba día y noche. Sus martillazos se escuchaban más allá del horizonte. Asustaban a los chacales y a las sierpes, y turbaban el reposo del beduino. 

-Estás loco -le decían todos-. Los puentes son para cruzar los ríos, y en el desierto no hay ríos.

El hombre trabajaba más. Tenía un sueño, y el que renuncia a su sueño es como si renunciara a su ser.

Un día el hombre terminó su obra. 

En ese mismo momento un río de aguas sonoras y cristalinas empezó a fluir abajo de su puente, en medio de las arenas del desierto.

¡Hasta mañana!...