Historia de la creación del mundo.
Desde lo alto, el Señor oía a los predicadores de la Tierra.
Hablaban del juicio final, en el que habría llanto y rechinar
de dientes.
Hablaban del riguroso juez que juzgaría personalmente a cada uno de los hombres (y de las mujeres también).
Hablaban del infierno, castigo que aguardaba al pecador (y a la pecadora también).
Ese castigo sería eterno: jamás terminaría.
Así, los predicadores hacían que sus feligreses suplicaran: “¡Jesucristo, aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor!”.
El Señor oyó todo eso y exclamó enojado:
-¡Carajo! ¡Cómo me calumnian!
¡Hasta mañana!...