Sin duda uno de los mantras repetido hasta la saciedad por los transformistas de cuarta, con López a la cabeza, es la palabra “neoliberal”, usada como insulto, como estigma, como etiqueta de desprecio hacia todos los que no piensan como ellos.
Hay en el empleo del vocablo un gran desconocimiento de lo que significa ser liberal y, más aun, neoliberal. Claro que no nos debe extrañar, dado que en México, desde el siglo XIX, ha existido una concepción del liberalismo un tanto divergente con el resto del mundo. Ya abordaremos esa situación en otro momento.
Por ahora, el señor López, cuando se refiere a neoliberales, pretende enmarcar el concepto en una nueva expresión del liberalismo a ultranza, aquel impulsado por Adam Smith y retomado a partir, más ´menos, de los años setentas. Sin embargo, lo “neoliberal” tiene muchos abordajes y no necesariamente se vincula de manera plena con la doctrina clásica, de fundamentalismo del mercado, pues incluso se han dado convergencias, por ejemplo, con la socialdemocracia, con la llamada “tercera vía” o camino intermedio entre el capitalismo y el comunismo.
En el libro “Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones”, conocido más simplemente como “La riqueza de las naciones” de la autoría de Adam Smith, me permito compartir algunos párrafos de interés:
“El político que pretenda dirigir a las personas privadas sobre la forma en que deben invertir sus capitales no solo se carga a sí mismo con la preocupación más innecesaria sino que asume una autoridad que no debería ser delegada con seguridad en ninguna persona, en ningún consejo o senado, y que en ningún sitio es más peligrosa que cuando está en las manos de un hombre que es tan insensato y presuntuoso como para fantasear que es realmente capaz de ejercerla. / El conceder el monopolio del mercado nacional a la producción nacional, en cualquier arte o industria, equivale en alguna medida a dictas a los ciudadanos particulares la manera en que deberían emplear sus capitales, y en todos los casos resulta una intervención inútil o perjudicial.” […]
“La máxima de cualquier prudente padre de familia es nunca intentar hacer en casa lo que le costaría más hacer que comprar”. […] Lo que es prudente en la conducta de una familia nunca será una locura en la de un gran reino. Si un país extranjero nos puede suministrar una mercancía a un precio menor que el que nos costaría fabricarla, será mejor comprársela con el producto de nuestro trabajo, dirigido en la forma que nos resulte más ventajosa”. […]
De los fragmentos compartidos y de muchas páginas más del libro en cuestión se desprende, sin duda, que la intervención del Estado en la economía es, evidentemente, lo contrario al liberalismo a ultranza, que pugna por la libertad absoluta, sin intervención del gobierno.
A raíz de la crisis económica, generada por la epidemia de COVID-19 vimos en México otra de esas tantas paradójicas situaciones de las que, sin duda, nos caracterizan: empresarios solicitando la intervención gubernamental en protección al capital privado y un gobierno, supuestamente de tendencia de izquierda, negándose. El señor López, defensor sin duda del libre comercio con Canadá y los Estados Unidos (ahí está el T-MEC), adoptó una posición colocada en el liberalismo radical, ese liberalismo al que llama el propio López, sin mayor razón, neoliberalismo. Su negativa absoluta de apoyar a los capitales, a los empresarios, en medio de la contingencia es un acto en el que se reconoce la presencia de Adam Smith, además de enarbolar la bandera más reconocible de este tipo de ideología, que es el libre comercio.
Podemos afirmar, entonces, que México actualmente tiene, sin duda, un rumbo liberal, más extremo que si fuera neoliberal.
@jchessal