Ni contigo ni sin ti

¡Hoy! ¡Sí, hoy aparece aquí "El Chiste Más Pelado en Todo lo que Va  del Año!". Relato es ése propio de goliardos. No concibo que los tórculos -o  sea las prensas- hayan podido inscribirlo en el papel. Quizás eso se explica  porque el vitando cuento mencionado sólo se entiende cabalmente si se lee en  voz alta, pues leída en silencio la narración, atrevida en grado extremo,  parecerá innocua, inofensiva, inane. El sicalíptico cuento se hallará al final de  esta columna. Según antigua fábula los puercoespines afrontaban  dificultades al dormir juntos en las noches invernales. Si se acercaban unos a  otros a fin de darse calor se punzaban con sus púas; si se alejaban para no herirse sufrían por el frío. Tras de mucho probar encontraron por fin una  distancia media, ni tan cerca ni tan lejos, que les permitía darse calor sin lastimarse. Nuestra vecindad con los Estados Unidos es una bendición. Nuestra vecindad con los Estados Unidos es una maldición. De esa estrecha cercanía recibimos grandes beneficios en variadas y diversas formas que dejan sustanciosos provechos económicos a nuestro país, pero al mismo tiempo estamos siempre expuestos a recibir un manotazo del gigante. "No puedo vivir contigo ni sin ti". La gemebunda frase dicha por hombre sufriente a mujer  inconstante es aplicable al caso de nuestra relación con el potente y prepotente Tío Sam. Ese azaroso trato se complica cuando en la Casa Blanca vive un hombre de voluntad despótica y errática como el amarillento Trump, y en el Palacio Nacional habita una mandataria que no manda mucho, y que se ve obligada por la voz de su amo a dar protección indebida e ilegal a politicastros claramente vinculados con la delincuencia, y a dejar impunes delitos de todo orden. En estos días nuestra relación con el país del norte se ha tensado por diferentes causas: lo de Rocha Moya y sus congéneres; lo del tal Mayo Zambada; lo del Tratado; lo de Ken Salazar; lo del narcotráfico y los migrantes, etcétera, etcétera, etcétera. La letanía soberanista de Sheinbaum se va desgastando cada día más, y ella misma se desgasta con declaraciones tan absurdas como ésa de que Estados Unidos es un país sin cultura, manifestación que exhibe mayúscula incultura y obtuso dogmatismo. De igual modo que nos es imposible alejarnos geográficamente de la nación vecina, tampoco nos es dable apartarnos de ella en lo político y en lo económico. Decirlo es obviedad, pero el régimen actual parece no entenderlo, e imprudentemente, innecesariamente, inútilmente se pone, como suele decirse, con Sansón a las patadas. De eso pueden sobrevenir daños graves para México. La diplomacia debe reemplazar a la demagogia. Cumplida queda  por hoy mi obligación de orientar a la República. Puedo ir ahora por otros derroteros. Lo prometido es deuda. Generalmente es más bien duda, pues el prometer no empobrece; el dar es lo que aniquila. Quien esto escribe no es político, y eso lo lleva a cumplir lo que promete. Desde ayer anuncié que hoy aparecería en este espacio "El Chiste Más Pelado en Todo lo que Va del Año", y en seguida aparecerá. Personas con repulgos de mojigatería aparten de él los ojos. Mis cuatro lectores, que tienen sentido del humor y amplio criterio, léanlo en voz alta para captar en toda su cabalidad la extremada sicalipsis del relato que, me dicen, es extremadamente picaresco. Helo aquí. De buenas a  primeras la esposa le dijo a su marido: "Quiero el divorcio". "¿Cómo es  posible? -se consternó el señor-. Tenemos 40 años de casados. ¿Por qué quieres divorciarte de mí?". Replicó ella: "Porque lo que antes nos unía ahora nos separa". (No le entendí). FIN.