En un Estado Democrático y Constitucional de Derecho que se precie de serlo, -que se oiga claro y se escuche fuerte-, ningún partido y/o expresión política coaligada -más en intereses que en ideología-, puede ni debe tener más curules de los que les correspondan por el número de votos obtenidos en las urnas, hoy que tanto se habla de moralidad, la sobre representación legislativa es absolutamente inmoral. Es contra natura en las democracias representativas, que una sola expresión política tome el control de los órganos legislativos; naciones como México deben olvidarse de una vez por todas de obtener “carros completos” en las legislaturas, llámese cámara de senadores y/o diputados federales o locales, es consubstancial a la democracia representativa evitar precisamente la sobre representación, la madurez en los órganos deliberativos a la que debemos apostar, es a construir acuerdos en el disenso, nunca más legisladores de obediencia, esa falsa idea de “gobernabilidad” no es otra cosa más que un cuento que disfraza el autoritarismo de congresos a modo para aprobarle todo al Ejecutivo, eso no es, ni parecido a la democracia. Por eso debemos estar a favor de la propuesta del Instituto Nacional Electoral, que acordó -por fin- hacer cumplir lo que establece claramente el artículo 54 fracción V de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que además ha sido refrendado por la Jurisprudencia 29/2015 dictada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que ha establecido impedir a algún partido o coalición de partidos de los que participen en las elecciones del 2021 rebasen ese tope establecido para evitar que se repita una sobre representación inconstitucional en esa Cámara. Y es que lo propuesto, por el Organismo Autónomo Nacional Electoral, permitirá verificar que el límite de sobre representación no sea rebasado por ningún partido político nacional, es decir que en el sólo caso que algún partido lo sobrepase, únicamente se les asignará el número máximo de curules permitido por la ley y no proseguirían en las siguientes etapas en el procedimiento que asigna a los diputados de representación proporcional. Es cierto que esta propuesta aún está a debate en el seno del Consejo General, sin embargo, hoy más que nunca México requiere de la funcionalidad y las certezas que otorgan los frenos y contrapesos constitucionales, pues en un sistema donde impere una verdadera división de poderes, la construcción de acuerdos y no la línea es el rumbo del deber ser, si es que aspiramos -insisto- a una democracia participativa de a de veras. Así que, nuevamente bien por el Instituto Nacional Electoral por esta propuesta, que pretende evitar perversiones y artilugios a costa del principio de la representación proporcional, que recordemos, surgió como un instrumento que garantizara la pluralidad y la participación democrática, es quizá 2021 la última oportunidad de nuestro sistema político, la oportunidad de refrendar un modelo constitucional de equilibrios, transitar de las tramposas mayorías construidas en coaliciones fácticas de colores e ideologías que disfrazan oscuros intereses y pasar a verdaderos gobiernos de coalición, donde los puntos de coincidencia se construyen en el incesante debate de las ideas que se da también en un auténtico quehacer legislativo. Los románticos de la política no dejaremos de creer que la gobernabilidad puede ser posible mediante la convergencia de todas las fuerzas políticas, donde el único ganador sea la ciudadanía, porque no hay ni puede haber en política una sola visión, y si no hay ciega obediencia aún dentro de los partidos, mucho menos debe existir en los órganos legislativos. Una gran oportunidad para el INE, una gran oportunidad para México.
Hasta la próxima.
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