Dr. Jesús Cuauhtémoc Téllez Gaytán
Las pérdidas económicas derivadas por los desastres naturales mayormente aquellos por huracanes, han oscilado entre 10 mil y 15 mil millones de dólares americanos. ¿Te puedes imaginar la magnitud de la cifra? A ello considera el tiempo de recuperación de la zona de impacto, como lo fue el huracán ´Wilma´ de categoría 4 que devastó Cancún, Quintana Roo, en 2005; y de manera reciente ´Otis´ de categoría 5 que golpeó a Acapulco, Guerrero. ¿Por qué su importancia? La respuesta radica en que el sector turismo ha mantenido en promedio una participación del 8% en el Producto Interno Bruto (PIB) de México, en donde el PIB es una manera de calcular el ingreso de un país y de él se desprende la medición del crecimiento económico. Además, los segmentos de hospedaje y servicios restauranteros que se desprenden del turismo logran crear en México más de 4 millones de empleos.
Pero ¿qué aprendemos? Lo primero y más importante, las pérdidas humanas. De manera seguida, la pérdida del patrimonio y posiblemente la pérdida del empleo. En el primer caso, si la pérdida humana corresponde a la principal fuente generada de ingresos de la familia, se puede convertir en un radical cambio de estilos de vida en donde el cónyuge y descendientes tendrían que buscar formas de generar los ingresos y posiblemente el abandono de la formación educativa. Lo anterior, desencadenaría en un deterior de las finanzas familiares en donde el tiempo de recuperación pueda ser lento hasta con posibles efectos adversos sobre la salud de los integrantes de la familia.
En el segundo caso, ante un evento no esperado cuando hay pérdida del patrimonio y posiblemente del empleo, el tiempo para recuperar lo que para cada familia es considerado su patrimonio, sería lento y toda vez que es considerado de gran valor, entonces la familia podría incurrir en sobrendeudamiento para recuperar lo perdido. Respecto al empleo, en tanto las fuentes de ingreso de la familia tardan en regresar al trabajo o en caso extremo no logran emplearse, tendría por igual impacto en las finanzas familiares con posibles repercusiones en el ámbito de la salud.
¿A qué nos lleva todo lo anterior? La protección. Hoy en día existen a nuestro alcance una diversidad de medidas de protección que ofrece la industria de seguros que de acuerdo con la Ley de Seguros y Fianzas (LSF) de México, se clasifican en vida, accidentes y enfermedades, y daños. Aunque la contratación de un esquema de protección implique el desembolso que corresponde al pago de una prima, pero el monto no sería comparable con los desembolsos considerables ante el evento por fallecimiento de la persona quien funge como la fuente principal de ingresos, desembolsos por gastos médicos por enfermedades y de hospitalización, o accidente vehicular. Sin embargo, el pensamiento general ha sido ´para que gastar en algo que nunca va a ocurrir´. Sin embargo, cuando ocurre golpean de manera sustancial las finanzas familiares. En consecuencia, ¡qué mejor que establecer un plan preventivo que emergente!
Veamos dos ejemplos, el de vida y vehicular. Con base en el monto que gustarías asegurar a tu familia, por ejemplo 500 mil pesos, la compañía aseguradora te cotiza una prima de $3,600 pesos mexicanos ya sea pagados en una exhibición o en un plan de pagos. Si el evento ´fallecimiento´ ocurre, dadas los términos establecidos en la contratación del seguro de vida, entonces la compañía aseguradora entrega a la familiar o asegurados la cantidad de 500 mil pesos. Sea el ejemplo de accidente, si por alguna circunstancia fuiste responsable en un accidente vehicular en donde el daño a terceros suma un importe de 100 mil pesos, entonces la compañía aseguradora, dados los términos del contrato y ante el desembolso de un ´deducible´ por ejemplo de 10 mil pesos, se hace cargo de pagar los daños que pudieron ser tan sólo materiales o en un escenario más negativo de daño a las personas. En ambos ejemplos, estaríamos transfiriendo el riesgo de pérdida económica, esto es, afectación en nuestras finanzas familiares, a la compañía aseguradora. Por supuesto, es importante leer las condiciones bajo las cuales se contratan las protecciones.
En esta época en que mayormente concurren ingresos adicionales como el aguinaldo, no descartes en considerar en tu plan de gastos para el año entrante aquel rubro sobre ´protección familiar´. Preferible disminuir el gasto en otros rubros y dar espacio a la protección de tu familia y tu patrimonio que en futuro tengas que sobre endeudarte o sacrificar tu patrimonio para cubrir las pérdidas ante la ocurrencia de eventos adversos. ¿Cuántos de nosotros esperábamos los eventos como ´Wilma´ u ´Otis´?, ¿Cuántos de nosotros imaginábamos el impacto económico de los desastres naturales? Lector, no esperes a que ocurra el evento adverso para darte cuenta que pudiste haber actuado de manera preventiva.
Por lo anterior, se trata de generar una mejor cultura de riesgos a través de una planeación de las finanzas familiares que integren en sus gastos el rubro de protección familiar para proteger a nuestros descendientes y cónyuges o aquello que por años ha costado construir como el patrimonio. No dejes al último lo que puedes hacer hoy por tu familia y tu riqueza.
(Profesor de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey campus San Luis Potosí)