Usted ya leyó las noticias. La victoria demócrata del 3 de noviembre es contundente. El partido aseguró al menos 54 escaños en el Senado y se encamina a tener la mayor cantidad de escaños en la Cámara de Representantes desde 2008. Con ese tamaño, la pregunta que surge es qué tipo de poder tendrá Trump para el resto de su administración.
La respuesta es que pierde poder para hacer, no para decidir. En la noche de la elección sintonizaba Fox News -la cadena de noticias favorita del Presidente- cuando enlazaron una llamada en vivo para recoger las impresiones de Trump. Habló de que en el contexto actual haría uso de las acciones ejecutivas y los vetos presidenciales. Para las acciones ejecutivas no necesita tocar base con nadie. Un veto solo se supera con dos tercios de ambas cámaras, y ni siquiera los 54 senadores demócratas alcanzan. Lo que sí tendrán es capacidad de bloqueo, y la usarán por tres vías.
La primera es el dinero. Los demócratas tienen influencia real en materia fiscal: Trump necesita al Congreso para financiar al gobierno y elevar el techo de la deuda. Como debería ocurrir e cualquier democracia saludable con división de poderes, cada fecha límite presupuestal será una negociación y no un trámite. La segunda es la supervisión. Un cambio de control del Congreso traería investigaciones amplias, incluidas las de los negocios de la familia Trump y la guerra con Irán. Todo indica que se preferirá ese camino al juicio político: se anticipa que darán a Trump la primera supervisión real de su agenda de segundo mandato. Tiene lógica política: un tercer impeachment le regalaría a Trump el papel de víctima. La tercera es el Senado como filtro de nombramientos: jueces, embajadores y altos funcionarios. Ahí la oposición puede dejar vacantes o forzar perfiles más moderados.
Ahora lo que se aprecia de este lado del Río Bravo. En redes noto una lectura apresurada y algo desproporcionada: que la llegada al Congreso de personas de origen étnico o religioso distinto al perfil republicano típico anuncia un trato más amable hacia México y los migrantes. Conviene moderar estas expectativas. Le explico.
La diversidad en el Congreso no es nueva ni es una agenda. Desde 2018 hay dos mujeres musulmanas en la Cámara, Rashida Tlaib e Ilhan Omar, y eso no cambió la política hacia México. Un rostro distinto no equivale a una política exterior distinta.
Segundo, Si le pone atención a lo que declaró el vicepresidente JD Vance el día de ayer, notará que el voto de castigo fue económico y geopolítico. Las intermedias suelen ser un referéndum sobre el presidente -aquí a veces es igual-, y en este caso pesaron los precios, los aranceles y la guerra con Irán. No fue un despertar moral sobre la migración. Otra cosa es la sobreponderación del electorado latino que es volátil. Hoy no es posible afirmar que fue determinante para los resultados de la elección.
Otra cosa que quizás no guste mucho aquí en México. Los demócratas nunca han sido aliados incondicionales de nuestro país. Fueron los críticos más duros del TLCAN, exigieron cláusulas laborales en el T-MEC y protegen a su industria con la misma energía que los republicanos. No debemos olvidar que la administración Obama registró uno de los mayores
Por último, la agenda que más nos toca (aranceles, seguridad, migración y la relación comercial) se decide sobre todo en la Casa Blanca, justo donde el Congreso tiene menos capacidad de intervenir. Con un Trump más atado en el Legislativo y más dependiente del decreto, el riesgo para México no baja; podría incluso volverse más impredecible.
No es pesimismo. Es leer el mapa como es: el equilibrio de poder en Washington cambió, pero el interés de Washington por México no. Celebrar sin matices equivale a planear una estrategia sobre una ficción.
La caminera
Se ha anunciado que la Cámara de Diputados emitirá la siguiente semana la convocatoria para la siguiente consejera presidenta del INE. Morena y sus aliados siguen teniendo los números para hacer una designación sin necesidad de negociar nada con la oposición. Esta es una situación interesante. Quizás deban resistir los apetitos voraces de algunos en favor de un perfil imparcial e impoluto. Un cuestionamiento a la imparcialidad del árbitro termina afectando la legitimidad de las victorias del proceso 2027.