“No la vide”

Este avieso individuo se llama Bragueto. Le hizo con asiduidad la corte a una viuda rica. Ella se mostraba recelosa: “Temo que quieras casarte conmigo solamente por mi dinero”. “Claro que no -opuso el tal Bragueto-. Pero ya que sacaste el tema dime: ¿cuánto tienes?”... En el consultorio del doctor Duerf, siquiatra, la feróstica doña Gorgona le gritó a su apocado esposo don Wormilio: “¡Responde, gusano estúpido! ¡El doctor te está preguntando a qué crees que se debe tu complejo de inferioridad!”... Donald Trump es presidente de Estados Unidos y de Venezuela. México, por su parte, tiene dos presidentes y una presidenta. En efecto, Claudia Sheinbaum se ve en la precisión de acatar las consignas tanto del simiesco yanqui como del caudillo cuya sombra sigue ensombreciendo el mandato de la que en verdad no manda. Soy contrario a las detestaciones, pero siempre he detestado las figuras de Fidel Castro y de su figurón, el Che. Pienso que el primero fue un tirano, y el otro un asesino. Sólo por ignorancia hay quienes todavía lucen camisetas con el rostro de este infame sujeto, el Che, idealizado en forma que ya se antoja cursi a más de anacrónica. Ambos canallas, Castro y el Guevara, hicieron de Cuba su propiedad privada, y la convirtieron en una cárcel mitad prisión y mitad prostíbulo. Me apena mencionar aquí a un conocido mío -amigo no- que iba a La Habana llevando un maletín con dos o tres mudas de ropa y una maleta grande cargada de medias nailon, cosméticos y -sobre todo- pantalones de mezclilla para mujer. Erotómano el sujeto, esos artículos femeninos le servían para allegarse en la bella capital cubana muchachas y muchachitas dispuestas a entregar su cuerpo a cambio de un par de medias, un pantalón o un lápiz labial. Gobernadores hubo de Coahuila que me pidieron ir a Cuba a perorar. Me negué siempre, en señal de protesta por el régimen opresor que tiranizaba y sigue esclavizando a esa nación hermana, a la que admiro y quiero por muchos y variados personajes, desde Martí hasta César Portillo de la Luz, y por muchos y disímbolos motivos, desde el embajador Márquez Sterling, que en vano trató de salvar la vida de Madero, hasta el mojito, taumatúrgica invención cubana capaz de alegrar hasta a un predicador. Ahora Claudia Sheinbaum ha dejado de enviar a Cuba petróleo mexicano, y el arrogante Trump declara sin ambages que la presidenta mexicana hizo eso porque él se lo pidió: “Le dije: mira, no queremos que envíen petróleo allá”. Y ella obsequió el deseo, por no decir que cumplió la orden, pese a su caducada ideología revolucionaria a la manera del Che y Castro, tan obsoleta como el miriñaque o el corsé. Merece reconocimiento la Presidenta por la habilidad con que ha frenado -hasta ahora- las arremetidas del prepotente yanqui, pero, por favor, ya no cante la cantaleta de la soberanía... Va de anécdota. Cuando los americanos invadieron nuestro país un comerciante mexicano medró vendiéndole vituallas al ejército invasor. Alguien le preguntó: “¿Y el patriotismo?”. Respondió: “No lo vide”. ¿Soberanía? Ante la altanería de Trump y la forzada obediencia  de nuestra Presidenta tendremos que decir en igual forma: “No la vide”... Don Etilio llegó a su casa en imperfecto estado de embriaguez. Imperfecto porque le cerraron la cantina, y ya no pudo perfeccionar su peda. Este último vocablo, inculto, rudo y basto, viene de la palabra “pea”, que significa borrachera. Acompañaba al temulento un compadre suyo, igualmente beodo. La esposa de don Etilio le dijo hecha una furia: “Por borracho no te admitiré en mi lecho todo este mes”. Y añadió en seguida: “Y a usted, compadre, por sonsacador, no lo admitiré durante 15 días”.  FIN.