...“No le muevan ni una coma”... y acataron

Un buen político, siempre tiene  dudas y por tanto revisa continuamente sus respuestas.-                  Angela Merkel

Canciller de Alemania 

Lo he manifestado en otras ocasiones en este mismo espacio, querido lector, pero permítame recordarlo hoy aquí porque viene a cuento. La canciller alemana, Angela Merkel, que durante 16 años detentó el poder de su país, una verdadera demócrata, decía que un buen gobernante no solo acepta y tolera la crítica a su gobierno, sino que la agradece y hasta la promueve, porque es lo que le permite analizar, revisar y hasta corregir algunas de sus decisiones. Por eso duró tantos años en el poder, porque, alejada de la soberbia y de la autocomplacencia, tuvo la confianza y el aprecio de gran parte del pueblo alemán. 

Criticar a un alto funcionario público, no significa en modo alguno, ser su enemigo ni su mal queriente, como lo sostienen algunos de sus seguidores. Criticar sus actos y sus dichos, más bien me parece un acto de responsabilidad, de preocupación o de interés de quien critica, por los asuntos públicos. Porque, lo fácil, lo cómodo, lo rentable, es aplaudir y halagar al que está en el poder. Lo más ventajoso es “no moverle ni una coma” a las iniciativas de ley presidenciales, a pesar de ser un tremendo retroceso para el desarrollo y prosperidad de México, como, por ejemplo, su reciente proyecto de Ley de Reforma Energética, (Ley Combustóleo), que encarecerá su costo para los consumidores y agravará la contaminación de nuestro medio ambiente, contraviniendo los compromisos del país contraídos en el T-MEC.

Resulta descarada la orden del presidente al congreso, que exhibe la sumisión del poder legislativo frente a la intromisión del poder ejecutivo que humilla y abusa del congreso de los diputados, en el que no se ve ni un poco de independencia y dignidad. Queda ya como basura el principio constitucional de la División de Poderes, ante la prepotencia del nuevo dictador de este país.

Por más que continúe eludiendo la realidad económica y social del país y de su gobierno con el simple expediente de que “yo tengo otros datos”, la realidad es terca y se impone a cada minuto. El país va mal. Va pésimo. Duele tener que admitirlo y, aún más, ver que quien tiene el poder y mayor posibilidad de trabajar para reencauzarlo, para rectificar errores garrafales, evidentes, es él, con su visión obsoleta y anacrónica, que se recrea en encuestas hechas a modo, para halagar el ego presidencial y cada día califica, adjetiva, amenaza, según su propio interés, su cálculo político, usando los recursos económicos del erario público, con el exclusivo propósito de conservar la mayoría en el congreso, y continuar manejando al país a su antojo, sin oposición ni equilibrio de poder.

¿Encuestas favorables? ¿Pasará usted a creer? ¿Con tantos millones de mexicanos indignados por su falta de resultados en todo lo que ejecuta y por su autocomplacencia? ¿Por tantos miles de padres y madres de familia que no reciben la atención y los medicamentos para preservar la vida de sus hijos? ¿Por tantos miles de mujeres lastimadas por la violencia de género, que no encuentran protección en su gobierno? ¿Por los millones de mexicanos que han perdido sus empleos o sus micro empresas por la falta de apoyo de su gobierno? ¿O por los miles de muertos por la pandemia mal manejada? ¿O será por los 100 muertos cada día por la violencia del crimen organizado?

Seguramente, por todo ello las encuestas lo favorecen.

Creo que el presidente parece vivir en otra realidad.  “Vamos muy bien, requeté bien”, es otro más de sus patéticos intentos de engaño. Ver un enemigo, un peligro, en cada empresario o en quienes discrepamos de sus decisiones y de su discurso agresivo, es sínto ma de paranoia, es la causa de sus medidas descabelladas, erróneas. Culpar siempre a otros de una realidad y de los muchos problemas que vive el país, es una irresponsabilidad, un recurso retórico que le permite engañarse a sí mismo y creer que engaña a los demás. Evade y traiciona su deber superior de trabajar para solucionar problemas, conciliar posiciones, no para echar culpas. Y todo ello, es un pésimo presagio, un mal augurio para el futuro del país y de los mexicanos.

Se engaña a sí mismo, cuando dice que los mexicanos somos ciudadanos felices, porque no podemos ser felices ante una avalancha de sangre y de violencia que aplasta al país, pero  sus acciones y su verborrea son tan disparatadas, que hacen pensar que no se trata de simples errores, sino de empobrecer deliberadamente a los ciudadanos, con la pérfida intención de hacerlos más vulnerables, más dependientes de la voluntad del poderoso presidente que todo el tiempo tuerce la realidad, abusa de su poder, con el único propósito de asegurarse en la presidencia por tiempo indefinido. 

La dura realidad es que su gobierno está devastando al país. La pobreza sigue en ascenso. El desempleo y la falta de inversión necesaria para crear riqueza y fuentes de trabajo bien remunerado, siguen al alza. “Primero los pobres” es otro de sus  pérfidos slogans, porque son estos los que más están sufriendo los efectos de sus malas decisiones, que aplica enormes recursos a proyectos y programas sin soporte técnico ni financiero, que junto con sus programas de reparto descontrolado de dinero a los jóvenes y a los mayores, sin un padrón ordenado y sin control, son un despilfarro de los recursos que tanto urgen en salud y en tantas otras carencias que agravian a los ciudadanos más pobres.

 lujambio06@hotmail.com