No sé si ajuste

Nosotros sabemos que México es muchas cosas, y, tal vez, muchos Méxicos. Hay un México de lujos e incluso de excesos, en donde viven los menos. Hay otro México donde está la medianía, gente que recibe ingresos estables, a veces más, a veces menos, pero ahí anda. Luego hay un México pobre y otro paupérrimo. En estos dos últimos todavía habitan un montonal de personas. Hay un México tremendamente inculto, sin interés alguno por ningún tipo de formas de conocimiento. Hay otro a la par que conoce y se enorgullece de la abundante riqueza cultural e intelectual de nuestro país. Tenemos un México violento, agresivo, salvaje y otro que es generoso, amable, desinteresado. Creo que todos los mexicanos hemos podido vivir varios de estos Méxicos a la vez. Hemos sentido miedo frente al México violento que parece tomado por la brutalidad y el salvajismo, pero también hemos vivido en el México cálido y amoroso.

 Hace unos minutos, se ha llevado en uno de los escenarios de mayor riqueza cultural, Teotihuacán y específicamente sobre la Pirámide la Luna, una demostración del México violento que tanto se ha buscado combatir.  Con la información que se tiene al momento, sabemos que un hombre del cual no sabemos mayores detalles abrió fuego desde la cima de la pirámide con un arma de fuego contra las personas que conocían el lugar, ha matado a una turista canadiense y causado lesiones a otros turistas, amén de ataques de pánico entre el resto de las personas que tranquilamente y queriéndose llenar de ese México envidiablemente rico en cultura, buscaban adentrarse a la patria milenaria. Luego, el perpetrador se ha suicidado. Así, el México de historia envidiable y patrimonio asombroso ha quedado nublado ante el México violento y brutal. 

Los que vivimos aquí sabemos que México es muchísimo más que una horda de actos descarnados, que nuestra gente es mucho más que unos pocos miembros del crimen organizado. Que nuestra tierra está llena de zonas arqueológicas, selvas, cenotes, bosques de niebla, cañadas, mares.  Que nuestra cultura no es narcocultura llena de corridos violentos, apología del delito, cosificación de las mujeres, incitación a violencia. Nuestra cultura es aquella de Sor Juana Inés de la Cruz, de Ibaruguengoitia, Paz, Poniatowska, Siqueiros, Rivera, Kahlo, Villoro, Rivera Garza, Castellanos. 

Al leer esta noticia que seguramente ya está dando la vuelta al mundo, me inunda un sentimiento de profunda tristeza y de vergüenza. Me avergüenza que no hemos estado a la altura de este país en que nacimos. No hemos sabido cuidarlo, enriquecerlo, sanarlo. No hemos cortado la mala hierba, hemos sido negligentes con nuestro país esperando que un milagro lo cuide, lo pode, lo procure, lo salve. No hemos sabido ser mexicanos ni mexicanas. Siento la necesidad de pedir disculpas al mundo por no poder custodiar este tesoro, por pensar que dejarlo a la buena de Dios era suficiente. 

Me cuestiono qué podemos hacer a estas alturas para construir el país que necesitamos, para remediar este gastado tejido social, para estar a la altura de México. Quisiera tener un manual para ser mexicana, una receta probada de éxito. No la tengo. Tengo, eso sí, porque los conozco, la certeza de estar rodeada de gente buena, inteligente, preparada y, sobre todo, que ama este lugar. No sé si con esto ajuste, pero quizá con esto se inicia.